De padre y muy señor mío

Este junio, el proceso de preparar la declaración de Renta va a ser más doloroso que de costumbre. Las perspectivas económicas son tan poco halagüeñas que cualquier nuevo gasto parecerá de mayor peso, como si de repente la fuerza de la gravedad aumentase de grado. Sobre todo si el beneficiario de nuestro desembolso es el Ministerio de Hacienda. Demasiada gente ve el paro de cerca (quien no está ya en él), se enfrenta a un recorte de su salario o a la supuesta congelación de su pensión. En estas condiciones, tener que calcular los impuestos sobre nuestros ingresos del año pasado va a resultar tan penoso como revisar un álbum de juventud. Me doy cuenta que incluso el mítico programa auxiliar de la Agencia Tributaria ha tomado medidas para suavizar el golpe. Como tal vez les sonará, se denomina PADRE desde que alguna mente preclara decidió dar una muestra de fervor paternalista de padre y muy señor mío. Padre en un sobre de Hacienda remite a papá Estado. Lo demás es accesorio. Sea padre de familia o sacerdote, compadre, padrazo o padre Padrone, padre de la patria, espiritual o padre político, el Santo Padre, el padrenuestro o tu padre. El que cobra es papá Estado. Tal vez por eso, este año, en el sobre que entrega la Agencia Tributaria con los impresos en papel ya no se han atrevido a inscribir este santo apelativo. No se lee "PADRE", como antaño sino "Programa de Ayuda". Y aquí, "Programa d'ajuda", también. Por lo visto, papá andará ocultándose por ahí hasta que vuelvan los buenos tiempos.

Y mientras los números de Hacienda caen, inclementes, sobre nuestras maltrechas cuentas, un minifenómeno tiende a contradecir el tono general de la crisis económica. Porque este junio muchas empresas y profesionales liberales van a ver incrementada su facturación de un modo inesperado y falaz. Es probable que incluso les lluevan encargos que no esperaban recibir hasta dentro de uno o dos meses, con instrucciones expresas de facturarlos por adelantado. Conforme avance este junio que acabamos de iniciar, la presión para facturar ya trabajos que no han completado (o incluso que ni han comenzado) será mayor, hasta el punto que la semana de las verbenas, entre los petardos de san Juan y los de san Pedro, un teórico índice bursátil de facturación seguro que dibujaría un pico. Y todo por un motivo fácilmente comprensible, que podríamos formalizar imitando la voz de papá Maragall en el Parlament aquel día histórico en el que soltó aquello de "vostès tenen un problema, i aquest problema es diu... " y un porcentaje que aquí rebajaré convenientemente hasta dejarlo en.. "dos per cent". Muchos profesionales y empresas han recibido órdenes precisas para facturar dentro de junio servicios o actividades que se celebrarán en julio, en agosto e incluso en septiembre. Se trata de ahorrarse el tramo del Iva general que se incrementará el día 1 de julio, cuando pasaremos de un 16% a un 18%. Lo bueno de tener una fecha de caducidad es que introduce una tensión que favorece la circulación de dinero. Lo malo es que todo lo que se facture este mes de junio (con vencimiento en fecha ni te cuento) dejará de facturarse en los siguientes.

De todos los recortes previstos, el menos evidente es el de la congelación de las pensiones, porque está claro que el colectivo de pensionistas tiene una influencia electoral decisiva. Proporcional a la fecha de caducidad de su DNI. Si tienen a alguna persona mayor a mano comprueben la validez de su documento, y ya verán que es válido hasta el 01-01-9999.


Màrius Serra. La Vanguardia, dijous 3 de juny de 2010

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