dimarts, 22 de juny de 2010

Festivales estivales

El previsible puente de sant Joan concentró en el penúltimo fin de semana de junio toda la actividad festivalera. No hablo del recién presentado Grec, sino de los múltiples festivales que emanan del ámbito educativo. Hoy el curso llega a su fin en los centros más remolones. Otros terminaron las clases el viernes. En muchos casos, el final del curso escolar se certifica con alguna actividad más o menos festiva, que debió celebrarse entre el viernes 18 y el domingo 20. El formato de la fiesta depende de las tradiciones (y los recursos) de cada centro, pero las disciplinas artísticas (y deportivas) dan mucho de sí. El fascinante mundo de las actividades extraescolares congrega propuestas muy diversas que desembocan de un modo natural en un festival de final de curso. Uno para cada actividad. Todos inexcusables. Los estudiantes de inglés extraescolar nunca tuvimos la opción de demostrar nuestro dominio del genitivo sajón en público. En cambio, sí que demuestran sus habilidades los estudiantes que dedican sus horas de asueto a la música, el taekwondo, el canto coral, el patinaje, el karate, el teatro, las diversas especialidades del circo, la gimnasia rítmica, la escalada, la natación sincronizada o las danzas africanas. De hecho, el festival de fin de curso de cualquiera de estas actividades es una cita obligada que congrega a familiares de todo rango amorrados a cámaras de calibre variable con la sana intención de inmortalizar el momento. Por eso, estos festivales estivales fomentan, sobre todo, la puntería. Se trata de conquistar una buena posición en la sala, lo que en algunos casos puede resultar una misión imposible a menos que no tengamos reparo en usar métodos expeditivos para desbancar a otros padres más puntuales. Una vez situados, habrá que estudiar la escena (del crimen), apuntar a la zona adecuada con un buen zoom y disparar en el instante justo en el que el protagonista de todos nuestros desvelos viva su momento de gloria. Da igual si el interfecto está en plena demostración de taekwondo, si baila una danza africana, si pende de un trapecio en la posición denominada heroica o si toca la gaita con las mejillas hinchadas y la cara roja. La cuestión es inmortalizar ese instante decisivo con la única (e inexcusable) condición de que se le reconozca la cara. Todo lo demás es accesorio.

Es tal el despliegue de propuestas que la mera asistencia a todas ellas ya supone una gimcana colosal, sólo apta para padres atléticos. En los casos de paternidad múltiple resulta de gran ayuda no estar separado, puesto que este pequeño detalle te permite separarte entonces, en el momento justo y en plan "cese temporal de la convivencia matrimonial", para cubrir así el doble de actos con un solo cónyuge y luego retomar la convivencia. En las familias monoparentales el grado de estrés es mayor, porque siempre suelen coincidir un par de festivales y escoger entre hijos es casi tan duro como escoger entre padres. Otras veces las franjas horarias permiten acariciar el don de la ubicuidad. Pongamos que la mañana del sábado se celebra un concierto con los de la escuela de música, luego hay una comida popular con los de taekwondo, por la tarde una representación teatral con los del aula de teatro y, al oscurecer, una exhibición de patinaje con los del club de hockey. Las posibilidades de no llegar vivos a todo son muy elevadas. Por eso, hoy es uno de aquellos días de resaca en los que ganaría con rotundidad el no en una encuesta sobre si nuestros hijos harán actividades extraescolares el próximo curso. Hasta que llegue el octubre y ya lo hayamos olvidado.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 22 de juny de 2010

1 comentari:

  1. Todo es vida!!!y el sol, el verano, las horas de luz incrementan muchas actvidades vitales.

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