La novia del astronauta

La semana pasada en Moscú empezó una cuenta atrás. Como las de Cabo Cañaveral pero a lo bestia. En vez de contar del diez al cero, los rusos empezaron en el 520, y hoy aún van por el 515, porque no se trata de segundos sino de días y fue el jueves pasado cuando seis aspirantes a astronauta se encerraron en un simulador de cápsula espacial para pasarse 520 días (¡un año y medio!) encerrados en él. La operación se llama Mars-500 y está organizada con la intención de prever qué tipo de reacciones físicas y psicológicas provocaría en los cosmonautas un viaje hasta Marte. La tradición espacial rusa pasa por el protocolo de las simulaciones antes de cada misión, pero esta vez es muy larga, con los problemas de convivencia que eso puede comportar. El año pasado se llevó a cabo otra, aunque de "sólo" 105 días. Se retomaba así una línea de trabajo interrumpida diez años atrás, cuando una misión similar de 8 meses de duración acabó como el rosario de la aurora. Una astronauta canadiense fue morreada a la fuerza por el capitán ruso y otros dos cosmonautas rusos se liaron a mamporros. Esta vez los seis voluntarios son del género masculino, escogidos entre miles de candidatos: los rusos Aleksei Sitev (38 años), Sukhrob Kamolov (32) y Aleksandr Smoleyevsky (33), el francés Romain Charles (33), el chino Wang Yue (26) y el italo-colombiano Diego Urbina (27).

Antes de encerrarlos en la cápsula la organización divulgó algunas informaciones interesantes sobre ellos. Destaca su preparación para las horas de ocio que les esperan. El tiempo, en el interior, se dividirá en tres bloques de ocho horas, asociados a la tríada trabajo-ocio-descanso. Ante una perspectiva así, el francés reaccionó como ante unas vacaciones en un balneario, comprándose libros "de esos que siempre quieres leer pero nunca encuentras el tiempo para hacerlo". ¿Cuáles? Pues, en su caso, los de historia del arte, porque "nunca sé qué pensar cuando veo pinturas". Pues no sé yo si tras leerlos lo sabrá. Por si acaso, también se llevó una guitarra. El chino Wang Yue, más pragmático, declaró que practicaría la caligrafía china (introdujo tinta y papel) e intentaría aprender ruso. Suhrhob Kamolov, médico cirujano, también optó por la formación postgrado y entró en la cápsula virtual con un manual de medicina en catorce volúmenes. Más volúmenes llevaba Diego Urbina. El italo-colombiano afirmó que piensa leerse la obra completa de Gabriel García Márquez durante la misión. Ante la perspectiva de un año y medio de soledad, la lectura literaria parece una mejor compañía que otras. Convivir con la cándida Eréndida, el coronel o los Buendía puede ser un buen antídoto a la misantropía, aunque Diego también mostró algunos videojuegos con los que espera compartir algunas horas con sus compañeros. Mi favorito, sin duda, es el capitán Alexei Sitev, ingeniero naval de 38 años que es el único miembro casado de la tripulación y el único que no explicó cómo piensa ocupar su tiempo libre. Sitev, especialista en buceo en aguas profundas, tampoco quiso comentar nada sobre su reciente matrimonio. Sería interesante conocer a su mujer. Hace un cuarto de siglo trabajé una temporada de guionista en el programa de RNE "La bisagra", con Xavier Sardà. Una vez entrevistamos a un espeleólogo que estaba batiendo un récord de permanencia bajo tierra. Contactamos con él a través de su mujer, que pasaba el tiempo en Menorca con suma alegría, tal como pudo comprobar in situ un miembro del equipo. Ella sí que tenía entrevista y no el soso de su marido.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 8 de juny de 2010

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