Las adulteras sin tilde

El jueves se presentó en Madrid una novela que pretende pasar a la historia por un motivo extraliterario. Se titula Huida a Jerte y su autor es el profesor de Derecho Internacional Martín Ortega Carcelén, aunque en la cubierta figura sin tildes (Martin, Carcelen). Leo que la historia arranca cuando veinte alumnos de sexto huyen del colegio en busca de un sueño que pretende cambiar el mundo. Las pesquisas de los medios de comunicación sobre su paradero serán el motor que tire de la novela, pero no pienso leérmela. Y no porque el argumento me parezca más o menos banal sino por un detalle absurdo que la editorial Wei Lai Futuro (palabras que designan el futuro en chino y en español) asocia a la novela. Veamos. De entrada, estos futuristas de pacotilla se autodefinen como una "empresa de promocion (sic) del pensamiento y la creacion (sic) inspirada en el momento global que vivimos y en la busqueda (sic) de un futuro mejor". He escrito tres veces sic para que los eficientes correctores de La Vanguardia no coloquen las tres tildes que en Wei Lai Futuro consideran innecesarias para autodefinirse. Porque prescinden de ellas adrede. Y no sólo en su web. Huida a Jerte es presentada como la primera novela en español sin tildes y en su nota de prensa las mentes preclaras que dirigen Wei Lai Futuro declaran que "la ausencia de tildes en la lengua española es un cambio ortográfico muy sencillo con claras ventajas y pocos inconvenientes". La idea es facilitar el aprendizaje del español "a los jóvenes y a los extranjeros". ¿Facilitárselo?. Argumentan que el latín se leía sin tildes y que tampoco ahora el inglés las usa. Queda claro que la facilidad es un valor al alza. Y que tras ella se esconde una querencia por la uniformidad. Pero ¿realmente son pocos los inconvenientes que provoca la ausencia de tildes? Me dispongo a comprobarlo. Abro el diccionario y busco confusiones. Me bastan las palabras que empiezan por A, B y C.

Doy con un adúltero que adultero sin tilde, igual como adulteró al dios islámico Alá quien le transformó en simple ala. Quien aligera a una criatura alígera firma con un alias al que no te alías. La señora Ambrosia toma ambrosía para que la amen, y amén. El diccionario era amplio, pero él lo amplió aún más como ahora lo amplío yo. Quienes no quieran tildes que anden por el andén mientras les animas a pasar allí la noche de Ánimas. El amante de las tildes apodó con un apodo ápodo al cojo sin pies y ahora apostata para llegar a ser apóstata. Este artículo sólo lo leerás si articulo bien el discurso, como quien asía un mapa de Asia o quien te pide que azucares el café con azúcares o quien les pide que bailen en plena batalla de Bailén. El editor asesino de tildes barrió el barrio hasta que alguien le pisó el callo y calló. Habla tú ahora: bebe a la salud de su bebé y pregúntate si sin tildes cabrá la cabra. Antes de llegar al tercer capítulo capitulo, dijo el presunto lector, y capituló. Antes de que alguien le cascara la cáscara de lector, catalogó la novela sin tildes en el catálogo de lo nefasto y me pidió que no celebre que llegue a ser célebre (y no lo celebré). Aunque sea cortés en las Cortes el César debe cesar, dije, y él circuló en círculo, computó el cómputo y continuó por el camino contínuo, igual como ahora yo continúo por el otro. La escritura sin tildes contrarió al contrario tal como yo le contrarío ahora. Si Wai Lai Futuro cree en un futuro así, critico al crítico igual como él me criticó cuando le hice ver que cualquier día de estos, por su mal acento, resbalará con un cubito y se romperá el cúbito. Por atildado.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 15 de juny de 2010

Comentaris

  1. Muy bien argumentado, sí señor, jeje. Si se eliminaran las tildes del español, el aumento de malos entendidos y ambigüedades sería colosal.

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