dijous, 10 de juny de 2010

Pastor a lo bonzo

Perico Pastor tiene la notable virtud de trabajar los contextos en los que muestra sus obras artísticas. Tal vez porque, más allá de su pericia (Perico bien podría llamarse Pericio), es un lector insaciable y sabe que un texto sin contexto es un cartel en un bosque. Hace un par de años se sacó de la manga un montón de pequeñas litografías y las distribuyó por la Sala Parés, como antesala de una exposición. Eran proyectos, esbozos, apuntes rechazados por Perico durante las dos últimas décadas, y se desparramaban por la zona vestibular de la galería, protegidos con un plástico y numerados con un ticket de guardarropa en el que también constaba el precio, que oscilaría entre 90 y 300 euros. Perico rescató un nombre histórico para bautizar su operación: el Salon des Refusés (Salón de los Rechazados). Una suerte de segunda división de pintores rechazados por el jurado del Salón de París oficial de la que, a partir de 1863, surgieron los impresionistas. La cosa tenía su aquel, pero Perico acaba de superarse. Su próxima exposición se llamará F!!! (como la novela de Justo Navarro sobre Ferrater, pero con tres signos de admiración y sin otro referente que el fuego) y se inaugurará el próximo martes 22 de junio.

F!!! será una exposición efímera, de sopla y rasga. Perico promete que al día siguiente, que por un casual es la verbena de san Juan, empezará la noche quemando todas las obras que no se hayan vendido hasta entonces. Espero que mi editora no le emule. Perico envía a sus contactos un correo electrónico diario con la imagen de una de las obras que figurarán en esta exposición tan fallera, a modo de catálogo avant l'achat. Copio la versión castellana de su mail tetralingüe: "A partir de hoy vais a recibir una imagen como esta cada día: un dibujo sobre papel japón, de unos 210 x 90 cm. El 22 de junio los colgaré todos en Art & Design Barcelona. El 23 a las 10 de la noche, a más tardar, empezaré la verbena quemando los que no se hayan vendido. Si os gusta alguno, poneos en contacto con la galería". No se me ocurre otro argumento más apremiante para avivar el deseo de poseer uno de esos espléndidos dibujos. Y no debo de ser el único, porque anteayer ("faltan dos semanas para la inauguració de F!!! y dos semanas y un día para la quema de los dibujos no vendidos") Perico envió una imagen mucho más impactante que todas las anteriores: uno de sus dibujos sobre papel japón en llamas. Tras advertir que, a estas alturas de la precampaña, ya son varias las obras que se salvan del fuego, expone: "para que veáis que la hoguera también será hermosa, ahí va una imagen de la que hice en mi estudio para ver cómo me sentía yo al ver arder un dibujo mío. Me gustó la imagen y me encantó la sensación!".

Su acto le honra. Para un artista quemar una obra suya es un sacrificio similar al que le representaría a un presidente quemar su bandera nacional. O más, incluso, porque las banderas son intercambiables y en cambio esa obra que Perico nos muestra en llamas era único e irrepetible. Quemar una bandera está penado. Quemar moneda de curso legal también. Pero quemar una obra de arte tiene un calado (ay) similar al de la acción del monje budista vietnamita Thich Quang Duc, que se inmoló el 11 de junio de 1963, tal día como mañana, en protesta por la opresión que sufrían los budistas. Y lo hizo quemándose vivo, según un método desde entonces llamado bonzo (por monje budista). Perico debería saber que de ese primer bonzo se conservó intacto el corazón y que está depositado en el Banco Nacional de Vietnam.


Màrius Serra. La Vanguardia, dijous, 10 de juny de 2010

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir