Desenfunda, forastero

La semana pasada acabó con tres novedades informáticas. Primera, la empresa Apple admitió por fin que su iphone 4 tiene problemas serios. Segunda, Steve Jobs declaró que en Apple no son perfectos, de modo que sus teléfonos tampoco tienen que serlo, pero contraatacó asegurando que los problemas del iphone 4 son los mismos que padecen otros teléfonos inteligentes (él dijo smartphones, pero digo yo que este anglicismo no prospera, ¿o sí?). Tercera, Apple decidió regalar tres millones de fundas de goma que presuntamente resolverán los problemas de recepción del iphone 4.

Vamos por partes (que no cunda el pánico, no pienso aprovechar el juego de palabras para mentar al amigo Jack): el iphone 4 lleva suscitando protestas desde que salió al mercado en junio. Al principio, las quejas fueron minimizadas por el fabricante hasta que, la semana pasada, la agencia norteamericana de evaluación de productos Consumer Reports desaconsejó abiertamente la compra del aparato por "fallos en la señal y en la recepción del teléfono". Eso provocó una rueda de prensa inmediata en la que Steve Jobs dio un giro a la política de comunicación de la empresa. Pero la nueva postura oficial de Apple no representó un giro copernicano (que podría ser de, pongamos, 180º), sino uno más bien lampedusiano (de 360º). Cierto que Steve Jobs se vio obligado a admitir algo en lo que realmente no cree (ni muchos de sus clientes tampoco): que en Apple no son perfectos. Pero, acto seguido, contraatacó para decir que el punto débil de los smartphones (dijo él) es, justamente, que determinados toqueteos en la zona cercana a la antena pueden provocar interrupciones en la conectividad, aunque quien manosee el aparato sea su legítimo propietario y lo haga sin querer. Para ello, criticó a la competencia. Su víctima propiciatoria fue una pobre Blackberry, con lo que Jobs se apuntó a ese carro de la publicidad negativa en la que brilla con luz propia Don Simón, en cuyos anuncios suele ser vituperada la competencia, y en especial Minute Maid. Finalmente, lo más marciano de esta milonga tecnológica es que, al final, el problema se pueda solucionar con una simple funda de goma. Bueno, con tres millones de fundas de goma que Jobs prometió para, de paso, presumir de las cifras de venta del nuevo teléfono. La cuestión es intentar que la gente no devuelva el aparatejo adquirido, porque el cambio de postura de Apple incluye que los tres millones de seres que ya se han gastado una pasta por el iphone 4 pueden optar entre recibir la fundita reparadora o devolverlo este julio, antes de treinta días. Y para Jobs ahora sería una faena que tres millones de usuarios se decidieran por la segunda opción.

Los usuarios de smartphones (bueno, va, llamémoslos así) se distinguen de los usuarios de teléfonos no inteligentes (¿sillyphones?) en que se pasan el día toqueteando la pantalla de su aparatejo con un fervor que, en algunas posiciones digitales, toma un aire inequívocamente sexual. Ya sólo faltará la funda de goma para completar el cuadro. Aunque si la que regalan es como las que he visto hasta ahora, el teléfono protegido adquirirá aspecto de bloc de notas. Algunas fundas se abren por arriba y otras lateralmente, como los cuadernos de espiral o la ropa interior masculina. Sea como sea, la mayoría de fundas protectoras de teléfonos inteligentes transforman al usuario en un camarero a punto de pedirnos qué vamos a tomar. Para mí un dry martini, por favor, y luego ya veremos si compramos uno de estos smartphones o no.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 22 de juliol de 2010

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