Julio es el mes de María

Aunque parezca mentira, por más inmutables que parezcan las cosas, todas pueden cambiar. De hecho, lo que no mata muta, de modo que vayan tomando nota. A partir de ahora mismo el mes de María ya no será mayo, como solía en el tiempo de las estampitas, sino julio. Porque mañana viernes llega a la cartelera cinematográfica una película sensacional que cambiará su percepción sobre la realidad mariana: María y yo. Hallarán la ficha técnica del film y las salas que lo exhiben en la sección correspondiente a partir de mañana mismo. Pero ya les avanzo que no deberían perdérsela por nada del mundo. Baste aquí con mentar al director (Félix Fernández de Castro), al artífice de esta divertida historia (el dibujante Miguel Gallardo) y, por encima de todos, a la protagonista de María y yo, que se llama María Gallardo, es hija de Miguel y de May, con quien vive en Canarias, y adquirió una cierta fama con la publicación del cómic homónimo que dibujó su padre. Desde mañana mismo María llenará las pantallas de muchas salas de exhibición con su mirada concentrada, sus risas burbujeantes y sus sólidos andares. Observen que, hasta aquí, el artículo pivota en palabras clave como película, sensacional, divertida, cómic, risas, andares... Añádanle ahora estas dos: documental y autismo. ¿Siguen ahí? Pues María y yo es una película documental que explica la historia de una adolescente que nació con una grave discapacidad psíquica, y lo hace a partir de unas vacaciones con su padre en un resort lleno de teutones en el sur de Gran Canaria. No se dejen intimidar ni por el género ni por la temática. En esta bella película los dibujos del cómic se combinan con las imágenes del viaje y la estancia de padre e hija deviene un viaje a las profundidades del alma humana. Tampoco no me sean tiquismiquis con las cuestiones lingüísticas. La película se pasa en versión original, y eso incluye los hábitos que acompañan las relaciones entre padre, madre e hija. May es canaria y se relaciona con Miguel, nacido en Lleida, en castellano, pero ambos hablan con María en catalán y la prota demuestra su destreza lingüística en ambos idiomas.

Miguel Gallardo, a quien muchos lectores recordarán de los tiempos contraculturales de El Víbora como el padre de Makoki, halló en la práctica del dibujo una vía de comunicación muy directa con su hija autista, para quien las listas con los nombres de las personas que conoce son como los poemas para un rapsoda. Miguel explica en la película que su relación con María pasa por montones de cuadernos en los que ha ido dibujando personajes y más personajes, apremiado por la lluvia de nombres (un incesante name dropping) con la que María reata sus andanzas. En una ocasión, uno de esos nombres que Miguel transformó en hombres dibujados resultó ser el nombre de un perro, pero eso no decepcionó lo más mínimo a María, cuya estrecha relación con la arena de la playa nos regala una de esas imágenes inolvidables que van a acompañarnos siempre. Al poco de nacer María el sociólogo y teólogo luterano Peter Ludwig Berger publicó un ensayo sobre el humor titulado Redeeming Laughter (1997, traducido ese mismo año al catalán en La Campana como La rialla que salva y dos años más tarde al castellano en Kairós como Risa redentora). Berger definía el humor como un puñado de arena fascinante que se nos escapa al abrir la mano para intentar escudriñarlo. Viendo María y yo nos damos cuenta que María ha aprendido a acariciar la felicidad con las dos manos, abriéndolas y cerrándolas.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 15 de juliol de 2010

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