dilluns, 5 de juliol de 2010

Mohammed Jordi

Batallita: el 24 de abril del capicúa año de Nuestro Señor 2002 participé en una mesa redonda en el marco de las "Jornades de Comunicació Blanquerna" de la Universitat Ramon Llull. El título, que he conseguido rescatar en la red, fue "És possible la sàtira en un món global?". Moderó Francesc Marc Álvaro, a la sazón profesor de la casa. Reproduzco nombre y descripción de los cuatro participantes: Carles Capdevila (director d'Alguna pregunta més? a Catalunya Ràdio), Manel Fuentes (director de Problemes domèstics a RAC1), Toni Soler (director de Set de Nit a TV3) y Màrius Serra (escriptor i traductor). En mi caso lo de traductor era pertinente porque, más allá de mis dudosas habilidades satíricas, se me invitaba como traductor de Groucho Marx o Tom Sharpe. Fuentes, que en esa época trabajaba también en Madrid, no pudo estar presente y envió un video con su aportación, de modo que el debate fue a tres bandas. Tal vez porque sólo habían pasado siete meses desde los atentados islamistas del 11-S, nuestras intervenciones se centraron en aspectos relacionados con la capacidad de las religiones para admitir la sátira. Hacía muy poco que el gobierno de Israel se había quejado públicamente por una portada del semanario satírico "El Jueves" (título que Google Translator traduciría del catalán como "El Judías") y el río religioso andaba revuelto. ¿Cuáles son los límites de la sátira? Aún faltaban tres años para el escándalo de las caricaturas de Mahoma, pero ya intuíamos que el listón (de lo satirizable) empezaba a bajar de un modo alarmante. No tanto en el ámbito político, que Soler y Capdevila ya exploraban en la línea que les llevaría a las propuestas televisivas Polònia y APM?, como en el religioso. Del debate, cuyas ponencias reprodujo luego la revista Trípodos de la URL con la única salvedad de una inocente referencia al cardenal Ricard Maria Carles que el responsable de publicaciones no se atrevió a mantener, recuerdo una de las conclusiones: la necesidad que las propuestas satíricas del país incluyeran alusiones a todo el espectro de nuevos catalanes que se han ido incorporando a nuestra sociedad, musulmanes incluidos.

Ese día ha llegado. Este viernes, Òscar Dalmau (1974) y Òscar Andreu (1975), llenaron el teatro Coliseum de Barcelona en una edición especial de su programa diario en RAC1 La competència, con el que han conseguido algo tan difícil como relevar sin sobresaltos el mítico Minoria Absoluta de los polonizadores Toni Soler, Queco Novell y Manel Lucas. Los Òscars, que son de la generación siguiente pero ya llevan años trabajando en el humor radiofónico, presentan un ramillete de personajes descacharrantes (Angelines, Jep, Justo, Jean Paul Desgrava...) entre los que destaca Mohammed Jordi, un magrebí que se siente más catalán que "desperta fierro", que se indigna ante el españolismo imperante y que es capaz de dibujar un mapa de los países de habla catalana en la que incluye Tánger ("perquè algun dia serà nostra"). Las intervenciones de Mohammed Jordi (que incluso tiene un amigo israelí y otro gitano, llamados Mohammed Zimmerman y Mohammed Montoya) no tienen desperdicio. Su frase emblemática es "se'ns pixen a la boca", transformada en riff cuando canta (un riff del Rif, o rifeño) y es capaz de hablar con desparpajo de todos los aspectos de la religión musulmana ("segons la meva religió després de la mort hi ha una mena d'after...") del mismo modo que otros personajes, de este y otros programas, satirizan la cristiana. Benvingut, Mohammed Jordi, i per molts anys.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 5 de juliol de 2010

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir