dimarts, 27 de juliol de 2010

Por 39 segundos

El contador de segundos del Tour de Francia se detuvo en el número 39 tras la decisiva contrarreloj del sábado. Esa es la diferencia que separó a Alberto Contador de Andy Schleck en la general de la mejor carrera ciclista del planeta. El pinteño (¡cómo deben trinar en la consejería de turismo de Valdemoro!) ganó su tercer Tour tras una lucha muy igualada, pero el número de segundos que les separaron coincide exactamente con los 39 que Contador cobró a Schleck en la etapa de Bagnères de Luchon, tras la avería mecánica de su rival en el Port de Balès. Lo recordarán. Schleck, de amarillo, atacaba y Contador contraatacaba a una cierta distancia cuando al líder se le salió la cadena de la bici y, lógicamente, el segundo siguió pedaleando. Al final de la etapa Contador subió al podio de amarillo y el público le silbó. Es probable que muchos de aquellos silbadores hubieran aplaudido, años arás, el cabezazo que Zidane propinó a Materazzi en la final del Mundial 2006, pero ese día consideraron que Contador había cometido un delito de higiene: juego sucio. No por preparar un sprint a cabezazos (como también se dio en la primera semana del Tour), por doparse con el último estimulante desarrollado por el mercado negro de la bioquímica o por asirse con disimulo a una moto, sino por darle a los pedales. ¿Cuál es el objetivo de una carrera de velocidad sino llegar el primero a meta? Pues no debe ser tan evidente, porque días más tarde el propio Contador regaló la etapa a Schleck en la cima del Tourmalet. Aunque ni así logró acallar las críticas. Sus detractores piaron que si el pinteño ganaba el Tour por menos de 39 segundos Andy sería el vencedor moral. ¿Por qué 39 y no 42, que fueron los que Schleck cedió el primer día, en la etapa prólogo? Pues porque se trataba de cuantificar la presunta incorrección de no haber esperado al rival.

Al final, los arcanos de la aritmética quisieron que la diferencia coincidiese con el número exacto de actividades prohibidas en el sabbat (39), la edad en la que asesinaron a Martin Luther King o Malcolm X (39) o el número de orden de Sandro Rosell en la lista de presidentes del Barça (39). O sea, que la moneda de los defensores de la corrección ciclista cayó de canto y la prensa deportiva francesa no puede apelar a la aritmética. Tal vez podrían entretenerse viendo The 39 steps (Los 39 escalones), la primera de la serie de pelis que Hitchcock dedicó a hombres inocentes obligados a huir, coronada con North by Northwest (Con la muerte en los talones). Al final, la organización de espías que lleva por nombre los 39 escalones del título oculta el diseño de un avión tan illencioso como Contador. Y si Hitchcock no place a los defensores de lo ciclistamente correcto, que recuperen el album A Night at the Opera de los Queen. Allá, junto a la mítica Bohemian Rhapsody hallarán una canción del guitarrista Brian May que lleva por título 39. Básicamente porque era la canción número 39 que grababa Queen en sus discos de estudio. De 39 siempre me inquietó la historia. Es un cuento clásico de ciencia ficción en el que alguien se va de casa durante un año y, cuando vuelve, ha pasado un siglo. Me fascinaba que el protagonista de la historia descubriera que su mujer era, ahora, su hija. Con un diferencial de 99 años debería ser, como mínimo, su bisnieta, pero tampoco vamos a reprocharle ahora a las estrellas del rock que no practiquen el principio de la verosimilitud.

Lo único cierto es que a Contador el 39 le ha llevado hasta los Campos Elíseos de París, mientras que a mí el 39 me lleva de Horta hasta la Barceloneta.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 27 de juliol de 2010

1 comentari:

  1. Potser a una estrella del rock no li podem retreure que no practiqui el principi de versemblança, però Brian May, a més, és astrofísic ( http://en.wikipedia.org/wiki/Brian_May#As_an_astrophysicist ). Potser "Your mother's eyes" ens ho hem de prendre com un recurs literari.

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