dijous, 22 de juliol de 2010

Vexilología doméstica

La vexilología es una disciplina que estudia las banderas, pendones (militares) y estandartes. Hace años cada verano había alguna "guerra de banderas". Por lo general sucedían en Euskadi, aunque por estos lares cuadribarrados también se dieron casos. La cosa siempre funcionaba igual: durante las fiestas mayores los ayuntamientos vasquistas o catalanistas decidían que ondeara en la casa del pueblo sólo la ikurriña o la bandera catalana. La desaparición de la española siempre irritaba a alguien, y los medios corrían raudos a hacerse eco de estos actos de colorido desacato, con lo que se multiplicaban con la misma alegría estival con la que ahora lo hacen las declaraciones de los "moralmente excluidos de la Constitución". Recuerdo, en esos tiempos lejanos, comunicados que hacían salir del armario a algunos independentistas no extraparlamentarios. Uno de los que marcaron tendencia fue Ramon Llumà i Guitart, alcalde convergente de Solsona desde 1979 hasta que, en 2003, dejó la política. Para justificar su desacato vexilológico Llumà arguyó una vez que había llevado la bandera española a lavar (y que no tenía otra de recambio). De repente, las lavanderías de Solsona fueron un objetivo informativo de primer orden. Lástima que los programas del tipo Callejeros no abundaran en aquella época, porque si no ya me imagino la ruta del relavado que se hubieran marcado los reporteros más intrépidos.

Ya han pasado nueve días desde la multitudinaria manifestación del 10J y ocho de la celebrada victoria de España en el Mundial. Pues bien, por las calles de Barcelona (como mínimo) siguen viéndose muchas banderas. Domésticas, en este caso. La mayoría son catalanas (estelades y no) pero también se mantiene un buen número de españolas. Alguna del Barça se une a la fiesta, pero el diálogo fundamental es entre 4 y 2 barras. Los catalanes sabemos que "tots els sants tenen capvuitada" y hoy se cumple. ¿Por qué, pues, las banderas siguen ahí? Tal vez sean un recordatorio para que nuestros múltiples políticos decidan recordar qué significa unidad, algo que sus homólogos españoles tienen clarísimo. Aunque si las banderas siguen ahí es porque no son todas iguales. De no haber aparecido las españolas en apoyo a la selección, probablemente las catalanas ya estarían en el armario, pero a ver ahora quién es el guapo que la quita primero. Conozco a mucha gente que nunca antes había colgado una bandera (catalana o española) en su balcón y que ahora está esperando a que el vecino retire la suya: "El día que éste quite la estanquera, quitaré yo la estelada", con lo que el verano se presenta muy animado para los amantes de la vexilología. Si la de los municipios en fiestas era la "guerra de banderas", ¿qué nombre recibirá esta? ¿Guerrilla de banderas? Antes de que Alicia Sánchez Camacho nos ilumine con sus opiniones sobre las cosas que interesan a la gente o que Rosa Díez (o incluso Albert Rivera) nos vuelvan a aleccionar sobre la inexistencia del nacionalismo español les invito a ver un video en Youtube sobre la fiesta de final de curso del "2º de Infantil de los Maristas de Sanlúcar la Mayor" (teclee el entrecomillado como palabras clave y ya lo verá: es un mar rojigualdo en P4). La representación va de una jura de bandera infantil y hay más estanqueras de las que se vieron en la celebración mundialista. Los niños van de guardia civil (con bigote pintado), soldado de infantería u oficial de marina. Las niñas, de enfermera. No tienen ni derecho a estanquera y por eso ondean la cruz roja. Es tan entrañable que dan ganas de llorar.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 19 de juliol de 2010

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