dijous, 16 de setembre de 2010

Catán en catalán

Las secciones de cultura deberían prestar más atención a los juegos de sobremesa. Este es un sector que mucha gente asocia a la infancia, a las vacaciones lluviosas, o a esa suma de infancia y vacaciones que es el árbol de Navidad. Me juego un parchís a que son legión los ciudadanos encuestables que no pasarían de una lista de tres o cuatro (Monopoly, Trivial, Scrabble...) juegos de autor. A finales del siglo pasado Joaquim Maria Puyal lanzó una versión de sobremesa de su concurso televisivo “El joc del segle” y el enorme tirón de su personalidad hizo que su juego trascendiera los círculos de conocedores. Pero eso no es lo habitual. Este mediodía, el edificio pétreo más fotografiado de Barcelona (de 7 letras), acoge una presentación que deberíamos celebrar con tanto alborozo como veo que nuestros medios dedican el aniversario de los videojuegos de mi tocayo Mario Bros. La editora Devir lanza la versión catalana de Die Siedler von Catan de Klaus Teuber, conocido en castellano como Los colonos de Catán. Alemania es la principal potencia en la creación (y consumo) de nuevos juegos de mesa, y la feria de Essen significa en este mundo de cajas, dados, cartas, fichas y tableros lo que la de Frankfurt representa en el mundo del libro. Catán, que es una isla muy rica en recursos naturales, irrumpió con fuerza volcánica en 1995. Los jugadores deben tratar de colonizarla, y para ello construyen asentamientos, establecen rutas comerciales, negocian con todo quisque y se espabilan con astucia no exenta de malicia, como siempre han hecho los colonizadores de una tierra desconocida. Según los expertos, estamos ante uno de los juegos familiares más completos jamás inventados. Apto para todos los públicos. Su aparición, que coincidió con un momento de fortísima crisis de los juegos de mesa ante el auge de los videojuegos, es ya un hito cultural similar al que, en otros ámbitos, pudieron representar el new journalism, la nouvelle vague o la escuela Bruguera de cómic. Desde entonces se habla de juegos de estilo alemán o eurojuegos. Catán conquistó el mercado alemán y muy pronto dio el salto a otras culturas en Europa y América. Ha recibido múltiples galardones, lleva más de tres millones de ejemplares vendidos y ha desarrollado múltiples ampliaciones, formatos o versiones. Hasta hoy el juego se podía jugar en dieciocho lenguas.

Ahora, por fin, el mundo colonial de Catán se incorpora a los juegos internacionales con versión en lengua catalana. Algo que a menudo resulta tan difícil de hallar como una película en la cartelera. Y es que Catán rima con catalán. Aunque, por lo visto, Teuber le puso este nombre creyendo que se lo acababa de inventar. Catán le sonaba bien y resultaba fàcil de pronunciar en diversas lenguas. Luego descubrió que en Argentina ya existía, en las formas de apellido (el tanguista Catán) o topónimo (la ciudad González Catán o el departamento Catán Lil). Pero, una vez descubiertas estas azarosas precuelas, llegó el momento de añadir diversas secuelas. Leo que una escritora llamada Rebeca Gablú llevó la colonización de la isla de Catán al territorio de la novela, y que esta obra literaria inspiró al propio Teuber para que creara juegos nuevos protagonizados por los primeros pobladores o la primera ciudad de Catán. Para rematar la jugada, un compositor llamado Tobias Strauß compuso una obra basada en el juego. La llamó Catan Project y la grabaron los Pax Dei. Tal vez ahora algún otro creador se inspirará. Y es que tener los productos de vanguardia en tu lengua siempre resulta enormemente inspirador.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 16 de setembre de 2010

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