Negros sobre blanco

E viernes, en Girona, se reveló la novela ganadora de la 43ª edición del Premi Prudenci Bertrana. El título es El secret del meu turbant y narra la historia de una niña afgana que decide hacerse pasar por niño durante una década para esquivar la feroz misoginia de los talibanes. Este es un tema recurrente en la historia de la literatura. Hace un lustro Zoe Valdés noveló en Lobas de mar la historia de Ann Bonny y de Mary Read, dos intrépidas piratas inglesas que ejercieron como tales trasvistiéndose. De hecho, la "mujer vestida de hombre" es un tema literario recurrente en las comedias del Siglo de Oro. Un homérico estudio de Jaime Homero Arjona cifraba que el disfraz varonil aparecía en 113 de las 460 comedias del prolífico Lope de Vega. Por lo que ha trascendido, El secret del meu turbant va más allá del equívoco genérico para desplegar un relato sobre la vida cotidiana en el Kabul de los talibanes. La gran novedad, en este caso, es que el premio lo recogieron dos coautoras: la periodista de Badalona Agnès Rotger y el personaje que protagoniza la novela, la joven afgana Nàdia Ghulam. Nádia llegó a Catalunya hace cuatro años para intentar curarse de las secuelas provocadas por la explosión de una bomba cuando tenía sólo ocho años, y hoy es una ciudadana de la población que com más ahínco visita Alícia Sánchez-Camacho. Las dos premiadas se conocieron en Badalona y congeniaron. Agnès ha publicado, hasta hoy, tres libros prácticos y dos infantiles, amén de ejercer de periodista en El Temps y de editora en sellos como Pòrtic o Mina. Atendiendo la biografía de Nàdia y el currículum de Agnès, no es extraño imaginar por qué surgió el proyecto de explicar la historia de Nàdia en un libro. Lo remarcable viene luego. De entrada, la decisión de transformar su biografía en novela y no en entrevista a fondo o reportaje periodístico. Dice mucho de la mala salud de hierro de la novela, cuya naturaleza proteica lo transforma en el género más elástico de la historia de la literatura, aunque para poder valorar el acierto de esta elección (y del jurado del Bertrana) deberemos esperar a que se publique. La decisión que propicia este artículo es más fácil de visualizar: presentar la novela firmada por ambas y dando la cara. Eso es nuevo.

En circunstancias muy similares, se han tomado otras decisiones. Por ejemplo, cuando Ángeles Caso ganó el premio Planeta con la novela Contra el viento, la verdadera protagonista de su ficción sólo salió a la palestra a la hora de la promoción. Caso admitió haberse inspirado en la historia de Maria da Conceição Monteiro Soares, São, originaria de Cabo Verde, pero no repartió sus derechos de autor con ella. En el otro plato de la balanza, cuando Asha Miró irrumpió en escena lo hizo con un libro autobiográfico (La filla del Ganges) que no escribió sola. La Agnès Rotger de turno, que de haberla húbola, quedó en la sombra de la negritud editorial. Hace tres años Asha publicó su primera novela (Rastres de sàndal), y en la cubierta ya figuraban dos nombres: el suyo y el de Anna Soler-Pont, coautora y agente de Asha. Los negros literarios, esos autores en la sombra de cuyas filas han salidos autores de best-sellers como Francesc Miralles, cubren toda la gama de grises: periodistas, transcriptores, correctores (de estilo), e incluso traductores. Si alguna vez les cae en las manos un libro de Rosa Regàs en catalán busquen a sus traductoras. No las hallarán en el apartado de copyright sino en el de los siempre entrañables agradecimientos. Hay que aplaudir la decisión de Agnès y de Nàdia de salir juntas a la luz.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 20 de setembre de 2010.

Comentaris

  1. Tots aquests oficis que fan possible que es publiquin llibres, diaris o qualsevol text amb una qualitat mínima són terriblement desconeguts, per això m'ha agradat aquesta aproximació als "negres". Són els oficis de corrector tipogràfic, d'estil, el lector, el revisor, el redactor...
    Amb la crisi del sector editorial i dels mitjans escrits, i la pobre rendibilitat dels mitjans online, temo la desaparició definitiva
    dels editors de continguts (molts diaris ja ni en tenen, i així ens va). És una despesa més que mitjans i editorials poden estalviar-se. Passaran tots aquests oficis al record i seran presents només en la història d'aquell antic objecte anomenat llibre?

    ResponElimina

Publica un comentari a l'entrada

Entrades populars d'aquest blog

Exèquies laiques: el capdevilisme

¿Qué es una nación?

Barthes, el símptoma