Bonalitat de Catalunya

El viernes acudí a la oficina de una de las múltiples entidades financieras en las que tengo depositada mi fortuna con la intención de invertir en los bonos de la Generalitat. Esos mismos bonos que la mayoría de candidatos afirman no poder comprar porque su nómina de pentamileurista no les da para ahorrar. Pobres diablos. Gracias al noble arte de la escritura, yo sí he podido ir reuniendo unos ahorrillos y, francamente, me seduce la idea de poder sacar un 4,75% en un año. De modo que el viernes fui con la idea de invertir los cuatro o cinco millones que he podido ahorrar en los últimos meses. Pronto tuve que refrenar mi entusiasmo. Me informaron que esta es una emisión para minoristas y que el límite es de solo dos millones. Pues bueno, pensé, habrá que adaptarse. Y me adapté. Empezamos el proceso con un examen inesperado. Tuve que superar un "test de conveniencia" que constaba de diversas preguntas sobre mis conocimientos de los instrumentos financieros y de los mercados de valores. Me encantó comprobar que, pese a mi gran experiencia inversora, este es un campo en constante evolución, sobre todo en el ámbito terminológico. Cuando ya has asumido conceptos básicos como acción, tipo de interés, inflación, renta variable, liquidez reducida o volatilidad, aparecen nuevos vocablos tan apasionantes como VaR, put o call que te transmiten la agradable sensación que, en el mundo de los inversores, todo fluye en un sentido u otro. Habiendo pasado, no sé con qué nota, el test de conveniencia, me enfrenté a la lectura de la denominada letra pequeña del contrato. Para descifrarla hay que tener cierta astucia, también conocida en castellano como “letra menuda", y algún instrumento óptico (gafas, lupa, microscopio) que te permita leerla. Las cláusulas más entretenidas son las que se detallan bajo el epígrafe "riesgos de la emisión". Es francamente interesante analizar el "riesgo de crédito". Traduzco del catalán: "Los valores de esta emisión están sujetos al riesgo de pérdida en el caso de deterioro de la estructura financiera de la entidad emisora, que puede comportar ciertos riesgos en el pago de los intereses y/o principal de los valores y, por tanto, puede generar una diminución de los valores de la inversión". ¿Deterioro de la estructura financiera de la entidad emisora? Qué modo tan elegante de decir que la Generalitat se puede ir al garete. Ya sé que esa cláusula también figura en las Letras del Tesoro o en la deuda pública que emite cualquier estado pero, tal como está el patio, resulta un formulismo más bien alarmante.

En cuanto al plazo propuesto, muy corto según los analistas, a mí lo que me llama la atención es que no venza justo al año, sino al año y dos días. La deuda pública suele vencer el mismo día de emisión, normalmente a tres o a cinco años. Las condenas remiten a equis años y un día. Pero ¿por qué los bonos son a 367 días? ¿Por qué se emiten un 19 de noviembre y vencen un 21? El calendario muestra que, en el 2011, el 21 cae en lunes, de modo que debe ser para saltarse el fin de semana, pero no deja de ser inquietante que el 19 y el 21 enmarquen el 20N. Otra de las cláusulas (la de riesgo de adjudicación) reza que, si la demanda supera la oferta, se adjudicarán por prorrateo. La emisión está teniendo tanto éxito entre los minoristas que eso ya sucederá hoy mismo. De modo que, de los cinco millones que pensaba invertir en bonos, puede que al final sólo me dejen suscribir uno. Me guardaré los otros cuatro para comprar los superbonos que, sin duda, emitirá la Generalitat dentro de un año y dos días.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 25 d'octubre de 2010

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