Candidatos en Twitter

Por más que la historia de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, acabe de llegar al cine, la red social que está en apogeo es Twitter. Cada vez son más los que se apuntan a ver qué caray pasa en este terreno 140, la longitud máxima, en caracteres, de los mensajes (tweets, como las piadas de Piolín) que pían sus usuarios. Más allá de las hipótesis sobre los usos de las redes sociales, las universidades empiezan a difundir datos que permiten situar el debate en otros términos. Un estudio de la Rutgers University estableció que el 80% de los emisores de mensajes vía Twitter se limita a difundir su agenda de actividades o sus sentimientos, pensamientos y emociones. El otro 20%, en cambio, difunde información menos personal, con links de acceso a artículos o noticias relacionadas. Ahora, Duncan Geere publica en Wired los resultados de otro estudio. La empresa Sysomos, radicada en Toronto, ha analizado 1,2 billones de mensajes piados a través de Twitter. Billones con be. El titular es muy elocuente: el 71% de las piadas (tweets) no provoca ninguna reacción o, lo que es casi lo mismo, no los lee ni Cristo. Sólo el 23% de los mensajes obtienen una @respuesta, y de estos la gran mayoría (85%) no pasa de ahí. Un modesto 6% son reenviados y un exiguo 1,53% obtiene un mínimo de tres reenvíos (retweets). Además, el 97% de las @respuestas se envían durante los primeros sesenta minutos tras recibier el mensaje. La conclusión es que la gran mayoría de piadas se las lleva el viento al instante y que, en el mejor de los casos, resuenan débilmente durante una hora, antes de pasar a la historia. Así las cosas, una hora en Twitter podría equivaler a un milenio en el antiguo Egipto.

Con una ligera salvedad. La era digital genera un ámbito nuevo que podríamos denominar de oralidad transcrita. Un terreno de juego en el que se practica un deporte inédito, porque las tecnologías habían establecido una separación muy radical entre cultura oral y escrita. En el antiguo Egipto, por seguir con un imperio longevo y para que no digan que fue un sueño, muchos súbditos del faraón se pasaban la vida piando por esos desiertos de Ra sin que nadie les escuchara. Basta con leer las novelas de Terenci Moix para imaginárselo. Sin necesidad de analizar 1,2 billones de frases de 140 fonemas emitidas durante el período ptolemaico, me aventuro a afirmar que un 71% de las rajadas que salían de las bocas sedientas de los esclavos egipcios no provocaban ninguna reacción. O, lo que es casi lo mismo, no los escuchaba ni Isis ni Osiris ni la meretriz de Horus. Sólo un 23% de sus frases obtendrían alguna respuesta, y aún así sus espontáneas palabras nunca serían grabadas en piedras, ni en escritura demótica ni en jeroglífica, de modo que al cabo de una hora ya se perderían para siempre como la arena del desierto en pleno temporal. La única diferencia que separa la cháchara de los antiguos egipcios de la cháchara de los twitteros es que los unos hablaban y los otros escriben.

Ante las elecciones que se nos avecinan (y que tanto atormentan a quienes hoy están en el poder), candidatos píos e impíos van a ponerse a piar como pájaros locos vía Twitter para intentar entrar en nuestros teléfonos móviles y pantallas varias e influir sobre nuestro voto. Van a hacerlo porque es gratis y porque el 1,53% de requetemuchísimo es mucho. Además, saben por experiencia acumulada que en campaña hay que piar muy alto para que la gente repita tus palabras y que, al cabo de una hora (o menos) nadie va a recordar lo dicho. No deberán expiar lo piado.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 14 d'octubre de 2010

Comentaris

  1. Coincido en que hay mucho monólogo en los trinos y no tanta comunicación.
    Pero sigo sin entender Twitter como una red social en sí misma (de momento al menos)

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