Las piedras de Sandra

Sandra Morera debe tener diez años menos que yo. O sea, que aún es una treintañera pero le debe quedar poco para llegar a ese remanso de colesterol que representa la cuarentena. Su madre es la escritora Anna Vila. Explica que, a consecuencia de un mal diagnóstico, el parto de Sandra fue un desastre y su hija padeció anoxia. Esa falta de oxígeno le provocó una parálisis cerebral con un grado indeterminado de deficiencia que le ha marcado la vida. Sus discapacidades son diversas (y, como verán, sus capacidades también). Sandra se mueve pero no oye ni, por tanto, habla. De vez en cuando emite sonidos para pedir cosas o simplemente para hacerse oir. La comunicación con ella es a través de una versión simplificada del lenguaje de signos. Algunos de los libros de su madre están basados en Sandra. Especialmente el primero, titulado Els fills diferents (1991). Con los años, madre e hija han encauzado sus vidas conviviendo con esa diferencia. Sandra va a un centro ocupacional. De lunes a viernes reside en un piso gestionado por el personal del mismo centro. Los fines de semana los pasa en casa. Un buen día de vacaciones, cuando acababa el verano del 2007, Sandra se fijó en algo que hacían los niños de Altafulla. Aquellos renacuajos cogían piedras, las pintaban y luego montaban un chiringuito en el paseo para intentar venderlas. Sandra les imitó con un pincel que le dejaron e inició una actividad inopinada para su familia y cuidadores. Básicamente porque le pilló el gusto y ya no paró de pintar. Su madre, sorprendida, empezó a fotografiar las piedras y el resultado de tanto coloreo pétreo empezó a llamar la atención de la gente. La primera exposición fue en su colegio (ASPASIM de Vallvidrera) en diciembre de 2007. Luego ha expuesto sus piedras en Cervera (Llibreria Tastalletres), Igualada (Sala Municipal), Altafulla (Fira d'Artesans) y Barcelona (Galería Paspartú). Todo el mundo queda fascinado con sus piedras, algunas de las cuales parecen insólitos pictogramas.

Según su madre, Sandra pronto captó que sus creaciones gustaban, y eso debió motivarla a perseverar. Al cabo de dos años, su canto cromático llegaría al papel. Todo vino rodado para que Meteora publicara La pedra insòlita (2009), un libro precioso que contiene las fotografías que Anna hizo de las piedras de Sandra, con un lujo poético añadido. El compañero de Anna, el poeta Feliu Formosa, ilustró cada imagen con un poema: 49 haikús y una tanka. Mientras que en el parlamento valenciano el presidente Camps se rasgaba las vestiduras, ejem, porque le lanzaban una chinita de nada, en Figueres Sandra visitaba el Museu del Joguet de Catalunya pertrechada con sus piedras de colores. Desde aquel día, piedras y juguetes pusieron su colorido en común, y Anna siguió fotografiando esta nueva situación, con tanto acierto que ese hombre tetranomástico llamado Josep Maria Joan i Rosa, creador del Museu del Joguet, quedó prendado con las nuevas imágenes propiciadas por Sandra. Como resultado de ello, mañana viernes se inaugura "La pedra insòlita" en la sala de exposiciones temporales del Museu, en la que permanecerá hasta el 21 de noviembre. Piedras pintadas, fotos, haikús... que parten de la discapacidad. La creatividad siempre ha andado más cerca del conflicto que del bienestar, pero en estos últimos tiempos abundan los ejemplos que muestran las otras caras de la discapacidad. Si les gustó la película "María y yo", a partir del celebrado cómic de Miguel Gallardo, acérquense ahora a Figueres para ver esta exposición de La pedra insòlita.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 7 d'octubre de 2010

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