El bien más preciado

Mourinho y Preciado han protagonizado un rifirrafe dialéctico antes y después del partido Sporting-Real Madrid. La cuestión empezó cuando el portugués acusó al entrenador cántabro del Sporting de Gijón de regalar a los de Guardiola el partido que disputó contra el Barça. La apreciación no se basaba en ningún lance concreto del juego, sino en la alineación. Según el criterio de Mourinho, Preciado no eligió el once más potente con el que podía haber contado para plantar cara al Barça. El partido de este domingo hizo reaparecer el tema y el técnico del Sporting se marcó una triple hipótesis sobre las motivaciones de Mou para opinar como lo hizo y luego las replicó con triple contundencia. Recordémoslo. La triple hipótesis era: a) un chiste de Mou, b) un intento de provocar a Guardiola y c) una opinión seria. Ante estas tres opciones, Preciado opinó que a) no le hacía gracia, b) en Barcelona le darían la callada por respuesta y c) Mourinho era un canalla. El partido del Molinón estuvo caldeado y la tensión entre los técnicos acabó con un incidente en la zona de aparcamiento que reúne todos los ingredientes de las peleas de barrio, en las que nunca se esclarece quién empezó. Con una diferencia clara. Las hemerotecas demuestran que Mourinho lanzó la primera piedra. Y otra variable: un buen número de entrenadores de Primera se han mojado apoyando a Preciado, desde madridistas confesos como Michel hasta Pochettino, pasando por Lotina o Emery. Pep Guardiola se ha mantenido prudentemente al margen. Punto y aparte.

Lo más interesante de este enfrentamiento es la segunda hipótesis de Preciado. Esa que valora las palabras de Mourinho como un intento de provocar a Guardiola. Ni chistes ni canalladas gratuitas. La motivación más plausible de este episodio de autochoques es un intento de desestabilizar a Pep. No es la primera vez que Mourinho lo intenta desde que llegó a Madrid. La comparación entre Schneider e Iniesta por la Pelota de Oro ya iba por ahí. Y, de aquí al 29-N, Mou es capaz de lanzar bombas dialécticas dignas de la campaña electoral más caliente, con el objetivo de sacar a Guardiola de sus casillas (dicho sea sin ninguna doble intención carbonera). Mourinho ya lo hacía desde el Chelsea antes de la era Guardiola (vete al teatro, Mourinho vete al teatro). Y se superó en el Inter. Recuerden la teoría TOC que lanzó la temporada pasada durante la semifinal de Champions, cuando logró colar la idea de que el Barça estaba compulsivamente obsesionado, y algo de eso hubo si nos atenemos al hecho que el barcelonismo tuvo que bajar la tensión ambiental abriéndole en todos los morros los aspersores del Camp Nou. Mourinho sabe que el riego sanguíneo azulgrana andará bombeado a toda presión el lunes 29-N, en plena resaca electoral. Por eso, el rifirrafe con Preciado podría ser el primero de una calculada serie de provocaciones destinadas a explorar el componente ígneo de Guardiola.

La pregunta es: ¿podrá Guardiola mantenerse al margen de las provocaciones dialécticas de Mourinho? No es tan fácil como puede parecer a priori. Pep es un hombre caballeroso y educado, sí, pero tampoco es un ejemplo de espiritualidad zen, tal como pudo verse en el campo del Copenhague cuando Busquets tuvo que interponerse entre su entrenador y el entrenador danés. Si Pep se soliviantó tanto porque atacaron el honor de Pinto, ¿qué canalladas no intentará el Lord Voldemort del barcelonismo para volverlo a soliviantar? La calma será el bien más preciado.

Màrius Serra. Runrún a La Vanguardia del dimarts 16 de novembre de 2010

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