El enemigo exterior

Durante años he escuchado con prevención todo tipo de lamentos nacionalistas que proyectaban su frustración hacia un presunto enemigo exterior, causante de todos nuestros males. Un día lejano de mi niñez, en el Camp Nou, vi con claridad de optometrista el error garrafal del colegiado Guruceta Muro en un Barça-Madrid como el que viviremos el 29-N. Una cagada monumental, imposible de cometer sin premeditarla, que transformaría su apellido en epónimo: gu-ru-ce-ta, separando las sílabas, para abroncar a un mal árbitro (e incluso a una mala persona). Pero aún así, siempre me resistí a aceptar las teorías conspiracionistas que, ya fuera ligadas al Barça o a Catalunya, circulaban por doquier. Nunca uní mi voz a las de quienes se quejaban amargamente de la mano negra del enemigo exterior. La mera imagen de unos señores malvados sentados en un despacho roñoso para urdir sus planes anticatalanes me parecía ridícula, cuando no enfermiza. El victimismo es una mala estrategia, cuando no una estupidez, y huyo de él como de la peste en todos los ámbitos de la vida. Pero tengo ojos en la cara. Y mis ojos, ahora mismo, acaban de leer la carta que el grupo ultraderechista blavero GAV envió el martes a la reunión que la Unesco celebraba en Kenia con la intención de evitar que este organismo proclamara a los Castellers patrimonio de la humanidad. Reproduzco literalmente su segundo párrafo: "Como sabrá los Castellers son torres humanas que simbolizan edificios o castells. Esta forma de festividad tradicional en Cataluña sufrió el pasado 23 de julio de 2006 un duro golpe. Mariona Galindo, una niña catalana de 12 años, falleció por traumatismo cráneoencefálico al caerse de un castell de nueve pisos, en una exhibición durante la fiesta mayor de Mataró. La niña, que participaba en los castillos en la posición de dosos, en el antepenúltimo piso de la torre, se lesionó la espalda al caer al vacío cuando el grupo estaba a punto de coronar la construcción".

Luego, con esta misma prosa pastosa, se remontan a 1983 para recoger otro accidente mortal en Barberà del Vallès y describen a niños llorando. "Repito: hemos visto, y no un caso ni dos, a pobres críos, llorar, dudar y echarse atrás, a media ascensión". Todo ello para solicitar el rechazo de la candidatura de los Castells en defensa de los menores, "frente al ánimo de sus padres de elevar su ego a través del esfuerzo y riesgo de su hijo". Sus argumentos son tan científicos como este: "No es de recibo que en Cataluña se prohíba la entrada a menores de 14 años en un recinto taurino para preservarlos de un supuesto trauma psicològico y en cambio se permita (en algunos casos se les obliga) a menores de incluso 5 años participar en estas torres humanas que les ocasionan como ha pasado en numerosas situaciones daños irreversibles, que llegados a la madurez se convierten en miedos a la altura, fobias o incluso esquizofrenias temporales". Puaj. Como sabrán, esta canallada malhadada, malpensada y mal escrita no surtió el más mínimo efecto ante la Unesco y desde anteayer el mundo casteller está de enhorabuena por la distinción tan merecidamente recibida. Pero, ¿qué les digo yo ahora a mis amigos castellers cuando me vengan con lo del enemigo exterior? ¿Que no existe? ¿Que es una fantasía de sus mentes calenturientas? Los blaveros del GAV son pocos, pero cada vez que el mundo pone el foco en una especificidad de la cultura catalana, a un número indeterminado de nacionalistas españoles les sale un sarpullido. El enemigo exterior existe, y somos nosotros. Su enemigo exterior.


Màrius Serra. Runrún a La Vanguardia. Dijous, 18 de novembre de 2010

Comentaris

  1. Al País Valencià estan contents amb aquests del GAV, ja que aquesta mateixa carta posa en perill el reconeixement de la Muixeranga d'Algemesí com a Patrimoni. Ells també fan construccions humanes (diferents i amb clara simbologia religiosa) on també pugen nens.

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