dimarts, 2 de novembre de 2010

Glosolalia tornasolada

Tras el dolor por la muerte de Joan Solà emerge su magnitud de gran sabio de la lengua. De la lengua catalana, claro está, y por eso mismo de muchas otras con las que convive nuestro idioma, aunque sea a trancas y barrancas, entre las cuales especialmente la que ahora mismo estoy usando al escribir estas líneas desconsoladas. Las cuatro letras de Solà figuran justo en el centro de la palabra glosolalia, cuya primera acepción remite al don de lenguas, esa capacidad humana que algo tiene de sobrenatural. La enorme sabiduría de Solà, labrada durante años mediante una ajustada combinación de trabajo, análisis, flexibilidad y firmeza, le granjeó el respeto de todos y supuso un potente trampolín desde el que lanzar avisos contundentes y críticas fundamentadas sobre la actitud de menosprecio que muchos ciudadanos ibéricos, aquí y allá, muestran por la lengua catalana. Especialmente cuando la concesión del Premi d'Honor de les Lletres Catalanes le impelió a ir más allá de los foros universitarios y verbalizar conflictos que otros acallaban por prudencia o manipulaban cínicamente. Estos días de duelo hemos vuelto a ver las imágenes de sus postreros parlamentos, firmes y flexibles, en escenarios tan simbólicos como el Palau de la Música, la tribuna de oradores del Parlament de Catalunya o el Aula Magna de la UB. Y sus biógrafos deberán tomar buena nota del marco en el que nuestra sociedad le despidió: no en el Palau de la Generalitat sino en el paraninfo de la Universitat de Barcelona. Con ese "n'estem farts" de su combativo sobrino homónimo que resonará entre las frases significativas pronunciadas en sede académica. No me extraña. En catalán, el adjetivo "solà" se aplica al lugar donde da más el sol, y el Palau es más bien sombrío. Por no hablar de otras instancias de poder, como la denominada "defensora del pueblo" (¿de cuál?), que el mismo día en que moría Joan Solà se descolgaba con la enésima muestra de menosprecio al impugnar que el catalán juegue en categoría Preferente y querer reenviarlo a Regional.

Sobre las virtudes académicas del profesor Solà ya se ha escrito mucho (y más que se escribirá). Justamente estos días acaba de salir publicado en Empúries el primer libro en el que una docena de colegas filólogos analizan aspectos de su ingente obra: Joan Solà (10 textos d'homenatge). Solà fue especialista en sintaxis y, tal vez como consecuencia de ello, sobresalió en el trabajo en equipo. Si Pompeu Fabra ordenó las palabras y Joan Coromines las historió, Joan Solà se preocupó de su circulación. Fabra es tejido óseo, Coromines red neuronal y Solà glóbulo rojo, cuya misión es oxigenar los diversos tejidos del cuerpo lingüístico. Desde 1991 su artículo semanal en el suplemento de Cultura del diario Avui fue una referencia por su combinación de rigor lingüístico y vigor comunicativo, imprescindible para aunar investigación filológica y divulgación periodística. Ahí es nada analizar un ente tan complejo como el lenguaje verbal sin poder dejar de utilizarlo como instrumento de análisis. De ese ejercicio semanal de claridad expositiva salió un estilo directo que transmitía la inequívoca actitud de "plantar cara", expresión con la que tituló uno de sus últimos libros. La fortaleza de su envite se fundamentaba en la flexibilidad de su maestría, tan alejada de la rigidez académica de otros, en su predisposición a escuchar antes de dictaminar, una vasta curiosidad y un sentido del humor inusual en el gremio. Joan Solà nos lega su visión de la lengua como una materia tornasolada, ergo cambiante, ergo viva. ¡Viva Solà!

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 1 de novembre de 2010

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