dijous, 11 de novembre de 2010

Memoria fotográfica

Nunca tuve memoria visual. Hay estudiantes que memorizan un texto fijándolo en el trozo de página donde lo han leído. Yo más bien retengo sonidos, asociaciones verbales y conceptos. Soy capaz de recordar la situación en la que oí una expresión por vez primera, pero incapaz de reproducir cómo iba vestida la persona que la dijo (si iba desnuda me resulta más sencillo). Por eso me ha fascinado descubrir una aplicación para teléfonos Android que ha desarrollado Google, cuya utopía cartográfica le transforma en un sabelotodo sobrenatural. A las búsquedas que todos practicamos tecleando en ese rectángulo que ejerce de pedestal para su logo se añaden imágenes (Google Images), mapas (Google Maps), fotos callejeras (Street View) y una cohorte de milagros que fascinan y amedrentan. La última prueba de su poder cada vez más absoluto es la aplicación Google Goggles (a la que llamaré GG). En inglés la palabra goggles designa a las gafas protectoras, por ejemplo las que se usan para practicar la natación o el esquí. Lógicamente Google no podia pasar por alto tanta proximidad verbal con su poderosa marca, de modo que se ha apoderado del vocablo para lanzar una nueva herramienta de búsqueda. GG representa los albores del reconocimiento de imagen por la imagen. Nada que ver con Google Images. Aquí no hay que teclear. Basta con fotografiar una imagen cualquiera para que la aplicación la escanee y, en cuestión de décimas de segundo, nos ofrezca una serie de resultados de la búsqueda, en el formato clásico de Google. Hoy por hoy, GG es casi infalible con las portadas de libros, discos, películas, videojuegos y otros productos culturales debidamente registrados. Hago la prueba con libros y, en la mayoría de los casos, me lleva directamente a la página web de la editorial, o a la de una librería que lo ofrece. Sólo en el caso de algún catálogo de exposición falla el invento, tal vez por culpa del ISBN. Lo mismo con los discos. Si están en iTunes o en Spotify, te lleva directo con sólo fotografiar la portada. El reconocimiento de los signos tipográficos es tan rápido como en las cámaras de los aparcamientos, que identifican tu matrícula en un pispás. Le muestras cualquier tarjeta de visita y GG te conduce a la presencia en la red de su titular. Naturalmente, una foto de la cabecera de La Vanguardia lleva a la edición digital del diario.

Pero la cohorte de milagros va más allá. Mi amigo Roc Parés, artista plástico y poseedor del Android en el que pruebo la potencia de GG, tiene en las paredes de su casa de Foixà reproducciones de algunos grabados de Piranese. GG los reconoce de inmediato, sin mediar letra alguna. Más aún. Fotografiando el símbolo geométrico de una carta de Jungle Speed, en la que no figura inscripción alguna, el buscador nos conduce veloz a la página web de este electrizante juego de mesa. GG presume de eficacia con los productos, y admite no ser tan bueno (aún) reconociendo personas y animales. Lo probamos y lo comprobamos, aunque no deja de inquietarme que el escaneo de mi cara provoque en el buscador la oferta de una veintena de rostros extraídos de las redes sociales o de la red en sentido amplio. En cambio, con las plantas GG ya empieza a hacer sus pinitos. La idea es que escanee una hoja o una seta y reconozca, ipso facto, el vegetal al que pertenece la hoja o las recetas gastronómicas que permite el níscalo. Leo que ante una hoja de marihuana ya responde al instante. Ya me veo a los boletaires fotografiando amorosamente a sus conquistas antes de cortarles el cuello y meterlas en el capazo.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 11 de novembre de 2010

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir