dilluns, 29 de novembre de 2010

Ni política ni fútbol: circo

La prensa de hoy, 29 de noviembre de 2010, tendrá una concentración informativa de alta intensidad en dos frentes: política y fútbol. Más allá de eso apenas quedará espacio (ni tiempo) para nada. Las elecciones, sobre cuyas cuitas escribo "en red ando" desde hace 19 larguísimos días en otra página de este diario, llegaron anoche a su fin. O sea, que sus resultados figuran destacados en portada. Mi yo runrunero los desconoce, y mientras escribe estas líneas sólo intuye que mi otro yo enredón escribirá su artículo unas horas más tarde, para poder conocer, como mínimo, las primeras estimaciones de voto. En cuanto al fútbol, mis dos yoes vanguardistas castellanoescribientes piensan asistir al clásico de esta noche junto a mi tercer yo vanguardista catalanoescribiente que publica mots encreuats en las páginas salmón desde hace hoy 20 años, 4 meses y 29 días. La verdad, no sé cómo conseguiremos colocar nuestras tres posaderas en el asiento número 14 de la fila 24 (boca 320 puerta 45) de la Gol Sud Nike-2ª Gradería, pero entre los tres cantaremos con alborozo los dos goles que meterá el Barça en este clásico 2.0. Lo escribo para dejar claro que me conciernen tanto los resultados de las elecciones de ayer como lo que suceda en el campo esta noche. Y mucho. Pero eso no me impide percibir la fenomenal saturación informativa en la que participamos todos desde los medios de comunicación, hasta transformar la tan cacareada sociedad de la información en una horrísona saciedad.

Por eso hoy ni quiero escribir sobre política ni sobre fútbol, sino sobre circo. Porque el miércoles pasado, en pleno vendaval electoral, se reunieron en Barcelona una veintena de especialistas en las lides circenses convocados por el Termcat para estudiar la terminología del mundo del circo en lengua catalana. La intención es elaborar un diccionario especializado. Por lo visto, la lista inicial contiene una sesentena de denominaciones de acrobacia, aéreos o equilibrismo. Entre los asistentes se cuentan críticos, diversas escuelas de circo y miembros de compañías como Circ Pistolet, El Circ Petit, Entelades, Desastrosus Cirkus, Los Galindos, la Escola de Circ Rogelio Rivel o La Vela. Seguro que el consenso no será sencillo, porque siempre que alguien pone en cuestión cómo llamamos a algo ("de tota la vida") surgen reticencias, pero en el Termcat están acostumbrados a tratar con una mezcla de flexibilidad y firmeza las cuestiones relativas al léxico. Cumplen ahora 25 años ocupándose de las salas de espera terminológicas, a las que llegan multitud de vocablos inmigrantes que, en algunos casos, prosperarán en nuestra sociedad verbal y, en otros, volverán por donde han llegado. El Termcat sería la versión verbal de Ellis Island, el puerto en el que desembarcaban los inmigrantes cuando llegaban a Nueva York. Su triple adscripción a la Generalitat, el Institut d'Estudis Catalans i el Consorci per a la Normalització Lingüística le da un cierto margen de actuación, y el contacto constante con los diversos colectivos profesionales donde se cuecen los argots le permite tener información de primera mano. Como ahora sobre el circo.
Mi abuela Paula, cada vez que paseábamos ante el psiquiátrico de Pi i Molist, en Noubarris, me decía "de bojos n'hi ha més a fora que a dins". Lo mismo podríamos decir de los espectáculos de circo. Señores de la política y del fútbol: dejen de practicar el intrusismo profesional. Que el circo abandone auditorios, estadios, platós y salas de prensa para volver a las carpas. Al circo lo que es del circo y adiós muy buenas.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 20 de novembre de 2010

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