Siglas del nuevo siglo

Hace unos meses topé con un Obama que no era el presidente de los Estados Unidos, sino un acrónimo. Lo leí asociado a Ecofun, que parece el nombre de una fiesta rave ecologista pero que en realidad proviene de "ecología funcional". En tan verde contexto, Obama aparecía en mayúsculas precediendo "Optimización del binomio diversidad-BAlance de carbono Mediado por las estrategias de gestión Agropastoral". Las mayúsculas extemporáneas resaltando el acrónimo eran cosa suya. Hallarán la información sobre los objetivos del proyecto en ecofun.ctfc.cat. La verdad es que me pareció un poco patillero acogerse al nombre de Obama sin esforzarse demasiado a transformarlo en acrónimo. Como sabrán, un acrónimo es una palabra que se forma con las letras (o sílabas) iniciales de un sintagma, como INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum) o RADAR (RAdio Detection And Ranging). El primer ejemplo es un acrónimo puro, mientras que el segundo requiere la primera sílaba de la palabra "radio" para funcionar, pero ambos utilizan iniciales de todas las palabras. El OBAMA ecologista no. Hay muchas modalidades de acrónimo, algunas de naturaleza mística. Umberto Eco denomina "Ars Notoria" a estas prácticas cabalísticas de la literatura tardoantigua y medieval. Cita, entre otros, el caso de Moshe de León, que toma las iniciales de los cuatro sentidos de la escritura hebrea (peshat, remets, derash y sod) para extraer el acrónimo PRDS. Como la escritura semítica es consonántica, estas cuatro letras podrían designar al "Paradiso". El símbolo por excelencia de los primeros cristianos (el pez) también provenía de una frase que, en latín, permitía formar con las iniciales sus cinco palabras el acrónimo ICTVS (pez). Otro de los acrónimos más divulgados de la antigüedad fue SPQR (senatus populusque romanus), inscripción que expresaba el dominio romano en todos los confines de su Imperio. Rabelais lo reinterpretaba jocosamente como "Si Peu Que Rien" y Calderón de la Barca hizo lo propio en su comedia Las armas de la hermosura al poner en boca de Cariolano unos versos que empiezan así: "S. P. Q. y R. son/ Cuatro letras que interpretan/ Al Sabino pueblo ¿Quién/ Resistirá? Y..."

El juego de renombrar una sigla preexistente ha sido muy practicado. ¿Quién no ha releído las siglas RENFE como "Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados"? (Hay variantes: "Retrasos enormes; Necesitamos Fuerzas; Empujen"). También la Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) entró de lleno en el territorio ludoacronímico: "Siempre Estarás Apretando Tornillos". Pero cuando, años atrás, recopilaba todos estos ejemplos para Verbalia tenía la sensación de estar recopilando antigüedades dignas de El Florido Pensil. Y no. Tras el sorprendente OBAMA ecofuncional, el periodista científico Xavier Duran me informa de otro proyecto con nombre ludoacronímico que me ha dejado anonadado. Esta vez el ámbito del que procede es el CREAF (acrónimo canónico del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals) de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona). Pues bien, los del CREAF se han puesto "creatifos" y propician el proyecto PEPSI, cuyo espumoso acrónimo se despliega como "Plasticitat ecològica del pi roig i possibles canvis en la distribució d'aquesta espècie a causa del canvi climàtic". Si OBAMA ya era un acónimo heterodoxo, PEPSI va más allá. Nadie les discutirá las tres primeras letras (¿quién discutiría a Pep?), pero la S i la I, ¿de dónde las sacan? La ludoacronimia ya no es lo que era.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 2 de novembre de 2010

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