diumenge, 26 de desembre de 2010

Fiestas felices

Escribo este runrún navideño con cierto recelo. El columnista no siempre sabe qué reacción provocará su artículo, especialmente si, com es el caso, no se refiere a una persona (o tribu) concreta con sus defensores y sus detractores. Los artículos colonizados por nombres propios forman una liga aparte, que se juega en el terreno de las alusiones. Hay articulistas que aplauden siempre a los mismos y otros que no aplauden nunca a nadie. Los hay que muerden siempre los mismos cuellos y luego corren raudos a lamer los mismos culos. O viceversa. Y también los hay que hoy aplauden y mañana muerden, hoy cargan hacia la izquierda y mañana a la derecha, y así crean una ilusión de independencia. Los columnistas previsibles no son necesariamente los peores (los hay que consiguen ser imprevisibles y nefastos a la vez), pero sí los más prescindibles. Ser previsible es innato a la condición humana. En un político incluso puede llegar a ser una virtud. En un creador, es un defecto. Como el movimiento se demuestra andando, los años de experiencia columnista puede ayudarte a intuir que si criticas a los unos te aplaudirán los otros, que si aplaudes a estos te silbarán aquellos o que si escribes sobre palomas acabarán criticándote todos, columbófilos y columbófobos, lo cual tampoco es necesariamente una virtud. Pero vayamos al grano, porque no hay peor columnista que el que se detiene a rezongar perezoso en un meandro de su artículo como yo llevo haciendo desde hace rato. Gas. Este runrún navideño de hoy, por más contrahecho y raro que parezca, no está escrito ni para ofender a los partidarios de la Navidad ni para buscar el aplauso de sus detractores. Este runrún está escrito para exponer un hecho incontestable que mejorará mi calidad de vida durante los próximos quince días. Halarán la tesis principal entrecomillada en el párrafo breve que sigue.

Tesis: "estas fiestas navideñas probablemente serán muy felices". Fin del párrafo que contiene la tesis de esta columna.

Que me las prometa muy felices para estas fiestas les parecerá una apreciación muy personal, y sin duda lo es, pero se fundamenta en algo que nos atañe a todos: el calendario. 2010 es uno de esos años en los que las jornadas festivas de Navidad, San Esteban y Fin de Año caen en fin de semana. Seguro que hace ya tiempo que lo notaron, al observar la deslumbrante cantidad de días negros que poblaban las semanas navideñas, normalmente tan enrojecidas por la plaga de las fiestas intersemanales. Este año 2010 acaba bien, con dos semanas impecables, formadas por cinco días laborables seguidos que enlazan dos lunes con dos viernes. De hecho, desde la absurda monstruosidad del puente de la inmaculada constitución, la mancha roja no volverá a aparecer hasta el jueves 6 de enero, y para hallar la siguiente ya deberemos avanzar hasta el viernes 22 de abril, viernes santo y vigilia del sant Jordi más extraño que recuerda la industria editorial. Pero no avancemos acontecimientos. De momento, el pesebre de Navidad cae en sábado, el belén de san Esteban en domingo y la resaca de Fin de Año el sábado siguiente. Fiestas en festivos. Refiestas, pues, doblemente celebradas sin ninguna necesidad de distorsionar las actividades laborales de quienes, por más que se manche de rojo el calendario, seguimos publicando crucigramas o artículos, o simplemente disfrutamos de esos días maravillosos que algunos llaman "días de cada día". Por eso este año cada vez que me desean "felices fiestas" respondo con aquiescencia, cambiando el orden de los factores: "fiestas felices".


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 23 de desembre de 2010

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