divendres, 17 de desembre de 2010

Timbres y estampillas

El cambio de Govern que amenizará estas navidades conlleva muchas novedades. Los círculos concéntricos del poder llevan días de nervios, idas, venidas, rumores y malhumores a la búsqueda de una cuota de poder. Las quinielas para cargos, cargas, recargos, sobrecargos y cargueros son tan largas como las colas ante las oficinas de ocupación para cargos que no cesaron, como solían, durante la campaña electoral para poder acogerse ahora al subsidio de paro. Pero, aunque oyendo a algunos políticos nadie lo diría, más allá de las personas están las ideas que diferencian a las diversas opciones políticas. Por eso también es básico conocer cómo se agruparán las diversas esferas institucionales, cuáles se reforzarán y cuáles se diluirán. Más incluso que conocer los nombres que se sentarán junto a las insoslayables pinturas de Tàpies. Lamentablemente, también en este terreno nuestros representantes suelen actuar influidos por las apariencias. Leo que el histórico Miquel Sellarès, actual director del Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya, propone cambiar el nombre a los Mossos d’Esquadra por el de Policia Nacional de Catalunya (o Policia de Catalunya). Sellarès recuerda que este nombre tiene su origen en la monarquía borbónica que en el siglo XVIII “va esclafar els drets i llibertats de Catalunya”. Luego se extiende en las competencias que debería tener el cuerpo policial catalán (terrorismo, crimen organizado, control de aeropuertos, tramitación de DNI), pero el titular de su propuesta es el cambio de nombre. Los nombres de las cosas son importantes, pero ¿de veras no puede plantearse una acción política de cambio sin darse el lujo de rebautizar aquello que se está cambiando?

Una de los errores del tripartito fue empezar la casa por el tejado cambiando el nombre de las cosas, con esa voluntad de dejar huella que delata a los soberbios. Se llenaron la boca de razones que justificaban el cambio de Ensenyament por Educació o de Sanitat por Salut. El lío nominal que se montó fue morrocotudo. Recuerdo una presentación de Quiet en la sede central de la ya extinta Caixa de Girona ante muchísimos padres de discapacitados que llenaban el auditorio con su entereza, su fuerza y las sillas de ruedas de sus hijos. Presidía el acto Arcadi Calzada y en la mesa había también un representante gubernamental cuyo rango no soy capaz de recordar (tal vez secretario general). Calzada, que había sido un político destacado durante el pujolismo, abrió el acto como anfitrión. Dio la bienvenida a todos con un gran savoir faire, habló del libro con entusiasmo, como si realmente se lo hubiera leído, y luego protagonizó una finta que me fascinó. Tras mentar en su discurso dos o tres veces el nombre antiguo de la conselleria responsable del mundo de la discapacidad, paró en seco y, volviéndose hacia el extremo de la mesa que ocupaba el representante del Govern le preguntó: “Com en dieu ara del Benestar Social?”. El interpelado carraspeó y, sin abrir el micro, le respondió: “Acció Social i Ciutadania”. A lo que Calzada, sonriendo mefistotélicamente, replicó con un lapsus: “Això mateix, el Benestar Social de la Ciutadania, que diuen ara”. Sospecho que lo hizo queriendo, para mostrar su menosprecio por esos mindundis del tripartito. En todo caso, eso sucedía a principios de 2009 y había pasado más de un lustro desde que cambió el nombre de la Conselleria. Espero que ahora el nuevo Govern no cometa el mismo error de ejemplificar sus ansias de cambio cambiando los nombres de sus departamentos pretendiendo sacar tajada de sus nuevos tejados.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 14 de desembre de 2010

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