La k de CaixaBank

Como sabrán, desde la semana pasada la Caixa es CaixaBank, nombre inequívoco formado por dos palabras que no figuran en el DRAE. La reacción de la entidad catalana a los abruptos ajustes legales del gobierno español ha sido fulminante y las acciones de Criteria CaixaCorp han practicado en Bolsa lo que en la 23ª edición del DRAE ya figura como subidón. Resulta fascinante la proyección verbal de la entidad señera de Catalunya. Su última reinvención databa de 1990, con la fusión que dio pie a, por decirlo en dos palabras, "la Caixa". En ese año ya lejano se unieron dos trenes de 14 y 9 palabras: Caixa de Pensions per a la Vellesa i d'Estalvis de Catalunya i Balears, fundada en 1904, y Caixa d'Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona, de 1844. Una era, popularmente, la Caixa de Barcelona. La otra ya era, en cierta medida, la Caixa, por reducción de Caixa de Pensions o incluso de Caixa d'Oros (una dicharachera catalanización de "ahorros"). Tras la fusión el logo mironiano siguió en lo alto y las dos pasaron a ser "la Caixa", reducción comercial de un nombre oficial escueto: Caixa d'Estalvis i Pensions de Barcelona. Las comillas fueron importantes, porque permitieron registrar el genérico y el nombre común devino propio. En aras a la comunicabilidad el nombre oficial se desprendió de Catalunya, de Balears y del pintoresco Montepío (o Monte de Piedad) que aún constaba en el nombre oficial de la Caixa de Barcelona. Por si alguien se ha incorporado en estos últimos años al sistema financiero, o a la vida en general, recordemos que un Monte de Piedad (del italiano Monte di Pietà) era un Cash Converters de naturaleza benéfica. Las personas necesitadas empeñaban en el montepío lo que tenían (o lo que podían pillar) a cambio de dinero en efectivo.
La cuestión es que en 1990 una montaña de 423 metros de altura sita en el municipio de Móra d'Ebre (Ribera d'Ebre) dejó de tener la exclusiva sobre el nombre propio "La Caixa", y tuvo que compartirlo con el mismo gigante financiero que ahora pasa a llamarse CaixaBank, con K final. Desde entonces, "la Caixa" ha dado una lección magistral de naming. Basta ver los nombres de algunas de las instituciones clave que patrocina en su Obra Social: CaixaFòrum, CosmoCaixa... Su firma no está a pie de página sino en el encabezamiento, formando parte del mensaje de un modo sustancial. De ahí que la actual denominación de CaixaBank parezca una evolución lógica, más aún cuando ya fue creada años atrás para vencer las limitacions territoriales que establecía la ley de cajas y poder operar, así, fuera del territorio catalán. O sea que tampoco era preciso inventar nada. La única duda podría ser el orden de los factores. ¿Qué anteponer? ¿Qué es lo sustantivo y qué se limita a adjetivar? La duda del orden sería retórica, porque BankCaixa era inviable al existir ya Bancaixa (Caixa d'Estalvis de València, Castelló i Alacant) pero podían elegir entre dos letras finales: CaixaBanc y CaixaBank. La pregunta es, ¿por qué K? Si descartamos la dudosa modernez de la línea juvenil (LKXA), convendremos que la intención más plausible es usar la palabra inglesa Bank, más global ante la local Caixa. Pero entonces, por un quítame allá esa sintaxis, esta K final cambia la jerarquía de los conceptos. Según las leyes sintácticas, CaixaBanc remite a una secuencia S-Adj (en la que Caixa es sustantivo y Banc simplemente adjetiva) mientras que en CaixaBank el sustantivo es Bank, precedido por un adjetivo. Los catalanes sabemos que no es lo mismo un gran home que un home gran.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns 31 de gener de 2011

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