dimarts, 18 de gener de 2011

Ministerio de Haciéndola

Hacienda somos todos, ¿lo recuerdan?. Pues bien, este simpático sinónimo español de finca, heredad o latifundio ha decidido electrificar a parte de sus clientes. Es decir, desde ya mismo obliga a las empresas que tributan por el impuesto de sociedades a relacionarse con ella sólo (nótese el adverbio) a través de internet. La medida forma parte de la lógica de los tiempos y participa de la tendencia general de facilitar las relaciones con la administración. Enhorabuena por su aplicación. Lástima que estén haciéndola (sic) con las puntas de los dedos de los pies. El proceso es el siguiente. Hasta ahora, Hacienda enviaba las notificaciones a los contribuyentes a través del correo ordinadrio, normalmente mediante correo certificado. El cartero llegaba al despacho en cuestión, daba la nota, le echaban una firmita y andando. A partir de ahora, el contribuyente debe bajarse un certificado desde la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Con ese archivo y un bizcocho, ya está preparado para que Hacienda le asigne un buzón electrónico que deberá consultar compulsivamente ya que, a partir de su activación, llegaran a él todas las notificaciones de la Agencia Tributaria. Y no teman por recibir Spam. Cuando Hacienda nos escribe siempre tiene algún motivo de peso: que si un recargo, que si un apremio, que si una rica inspección fiscal... O sea, que se acabaron esos sobres con el logo amarillo. De momento, deberemos limitar los sobresaltos postales a esas bellas notas troqueladas con el dibujito de las tijeras marcando la línea de puntos. Porque esas seguirán llegando, ya sea con los tributos de nuestro amado ayuntamiento, ya sea las ilustradas con las preciosas fotos del trasero de nuestro automóvil, gentileza del Servei Català de Trànsit.

La inevitable electrificación de Hacienda ya ha provocado quejas. Algunas por cuestiones prácticas y otras por razones filosóficas. Por un lado, el operativo informático funciona fatal con los sistemas alejados de la ortodoxia PC. Los errores su multiplican para Macintosh o Linux, con la consiguiente angustia general por parte de contribuyentes y profesionales. El viernes la Asociación Española de Asesores Fiscales y Gestores Tributarios (Asefiget) presentó un recurso contencioso-administrativo contra esta normativa. Arguyen, con razón, que "la medida aumenta las cargas indirectas que recaen sobre el obligado tributario". Y, ciertamente, a partir de ahora el contribuyente tendrá otra obligación que no tenía: entrar en la web de la Agencia Tributaria como mínimo cada diez días para ver si tiene alguna notificación. Diez días es el margen que da Hacienda para confirmar la recepción. Pasado este período, se considera que la empresa rechaza la notificación y Hacienda puede iniciar los procedimientos de apremio y aplicar sanciones. Es decir, con la excusa de la era digital, la administración vuelve a practicar su deporte favorito: pelotas fuera. En vez de asegurar que sus notificaciones lleguen por tierra, mar y sms, se lavan las enguantadas manos dispuestos a echarle la culpa al chachachá. Pero el medio electrónico no tiene culpa alguna. La administración lleva la prepotencia en el Adn. Este mismo verano, al volver de vacaciones el 23 de agosto, hallé un aviso de correos que mi amado ayuntamiento me había enviado la adecuadísima fecha del 3 de agosto. Correos ya lo había devuelto. Al final resultó ser el impuesto de recogida de residuos y he tenido que pagarlo con recargo. Hacienda cuantifica en 15 millones de euros el ahorro efectivo en papel. Deberá sumarle todos lo recargos que nos endilgará.

La Vanguardia. Dilluns, 17 de gener de 2011

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