Obscenidad involuntaria

Recibo la nota de prensa de una exposición que se inaugura este jueves en La Galeria de Barcelona. Desconocía al artista hasta que he visto por YouTube un reportaje que le hicieron cuando expuso en la Galeria Pinyol de Reus. Es pintura abstracta que parte de referentes rurales, a partir de una relectura de Pig Earth de John Berger. Como a menudo me sucede con la pintura abstracta, encuentro más interesante el planteamiento que la resolución. En cambio, el nombre del artista de Castelló me parece muy concreto: Vicent Carda. Un apellido bastante común entre valencianos que, puesto en Olot, adquiere unas connotaciones sexuales impensables en su punto de origen. Como llamarse Vicent Catxa en Lleida, Vicent Pitja en Vilanova o Vicent Folla en Barcelona. Seguro que a una gran mayoría de lectores (barceloneses) sólo le choca el último. La obscenidad involuntaria es un fenómeno interesante. Más allá de los chascarrillos que provoca permite relativizar la virulencia con la que algunos encajan las transgresiones de código, tanto si son morales como políticas o religiosas. Hace años conocí a una bella arquitecta italiana que acababa de instalarse entre nosotros. Estaba estupefacta ante las reacciones que suscitaba su apellido, con el que había convivido en Italia durante más de un cuarto de siglo sin problemas. Pero aquí, cada vez que lo pronunciaba notaba que su interlocutor se partía de risa, con mayor o menor disimulo. Mi amiga, a quien saludo aunque hace lustros que no nos vemos, se apellida Memeo y jamás había imaginado tal lluvia dorada de bromas. Pronto aprendió a deslizar el acento hacia la primera sílaba para matizar la coña, aún a costa de desfigurar fonéticamente su apellido. Lo mismo hacen quienes se apellidan Colet al pronunciarlo, aún en catalán central, como si fuera Colette.

El azar interlingüístico nos depara grandes ejemplos de obscenidad involuntaria. El futbolista croata Davor Suker provocaba titulares chocantes en la prensa deportiva británica por el simple hecho que en inglés sucker equivale a mamón. También el holandés Philip Cocu los ocasionaba en la prensa gala (cocu en francés es cornudo o, más llanamente, cabrón). Y no se quedaba atrás el ex director ejecutivo de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de la Concha, al pasear su segundo apellido por tierras iberoamericanas. Hasta el punto que el actual presidente de la Academia Argentina le llamó Víctor García del Molusco Bivalvo. Mi ejemplo favorito de obscenidad involuntaria lo ostenta una ilustradora británica que descubrí en muchos de los cuentos infantiles que circulaban por casa cuando mi hija era pequeña. Se llama Frances Cony. Busquen sus ilustraciones en la red, porque es muy prolífica, pero no hace falta que se lo cuenten. Me imagino que debe vivir felizmente ajena a su malsonancia catalana. Tanto como la productora de animación más celebrada por los niños catalanohablantes: Pixar. En realidad, todas estas extrañas coincidencias sólo sirven para reforzar al dios azar, ante cuya potenciaa palidecen divinidades más codificadas.

Este sábado mismo se produjo un ejemplo de ello, aunque de un tono mucho más inocente. Una avería en el sistema de radioayuda VOR del aeropuerto de Tenerife Sur-Reina Sofía lo dejó inoperativo durante una hora, justo cuando los controladores acababan de ser desmilitarizados y el espacio aéreo se miraba con lupa. Ante la inquietud general, dos aviones que llegaban tuvieron que ser desviados al otro aeropuerto de Tenerife, pertinentemente llamado Los Rodeos.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 18 de gener de 2011

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