dimecres, 12 de gener de 2011

Once de gala

Hoy es el 11/1/11, primer día palindrómico de este año tan binario que iniciamos con cuatro unos el sábado 1/1/11. En noviembre John Grimond ya nos advertía en The Economist que el número once tiende al capicúa. Sus dos primeras potencias lo son (once al cuadrado da 121 y al cubo 1331), pero las maravillas de la simetría numerológica se multiplican con otras cifras exclusivamente formadas por números uno. Eleven (en castellano) 111 al cuadrado y verán (12321); eleven 11.111 al cuadrado y se maravillarán con la alineación: 123454321. Para rematarlo, busquen entre los regalos tecnológicos de estos Reyes una calculadora que tenga espacio para 17 cifras. Tecleen en ella nueve unos seguidos, hasta alcanzar las centenas de millón, y luego eleven ese ululante 111.111.111 al cuadrado. El resultado parece la transcripción del estilo futbolístico polivalente que Guardiola ha conseguido inculcar a su equipo: 12345678987654321. Cuando lo leí en The Economist pensé que la situación económica era peor de lo que pronostican los más agoreros, porque sólo nos damos con esa alegría a la matemática recreativa cuando las cosas nos van muy bien o muy mal. Y muy bien seguro que no van. Por eso, en un principio, decidí no echar más leña al fuego y evité publicar ninguna singularidad ludolingüística del año nuevo como llevo haciendo desde el lejano año 1991, al reparar en el capicúa que abría once años de transición intersecular que desembocarían en el día mundial de la simetría, celebrado el 20/02 de 2002 (a las 20:02).

Muchos profesionales de la comunicación se dieron cuenta que la singularidad de una fecha es un botín ese mismo día, celebrado de un modo espontáneo y sin ánimo de lucro en todo el mundo gracias a internet. Luego la espontaneidad ha dejado paso al marketing y las coincidencias numéricas de la primera década del siglo XXI han sido ávidamente explotadas por lanzamientos con voluntad de generar expectación planetaria. Tres ejemplos de triplete bastarán. El 6/6/6 se celebró el estreno mundial de un (fallido) remake de La profecía, aprovechando la coincidencia siseante del calendario con el número de la bestia. Al año, un mes y un día, el San Fermín de los tres sietes fue escogido por los editores de J.K. Rowling para publicar la versión original inglesa de la séptima (y última) entrega de Harry Potter: Harry Potter and the Deathly Hallows. El tercer ejemplo de impacto universal fue durante los Juegos Olímpicos de Pekín, inaugurados el 8/8/8 (a las ocho). Según nos explicaron hasta la saciedad el número 8 es un número afortunado en la cultura china, ya que en cantonés se pronuncia fa, y la palabra que en alfabeto latino podríamos transcribir como faCF> es también susceptible de ser traducida como "enriquecimiento" o "fortuna". Hubo diversos intentos de apropiación de las fechas 9/9/9 y 10/10/10, pero ninguno tuvo una intensidad equiparable a los citados. Y a día de hoy, 11/1/11, ya solo nos quedan por vivir los dos últimos tripletes del siglo: el once de noviembre de este año y el doce de diciembre del año que viene, siempre que antes no vuelvan los mayas a recordarnos que el mundo se acaba (si al final sigue hará falta llegar al siglo XXII para repetir la serie). Diría que la dirección de la ONCE ya debe haber marcado en su calendario de eventos la fecha del 11/11/11, tal vez para celebrar sus premios bienales a la solidaridad y la superación, que se celebran con una loable gala precisamente en noviembre. Pero seguro que saldrán otros candidatos. Brindemos por el once. Y hagámoslo de gala.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 11 de gener de 2011

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