divendres, 4 de febrer de 2011

Gratificación nacionalista

Hoy se conceden dos premios literarios que recaerán en dos escritores catalanes: el VI Pepe Carvalho y el XXXI Ramon Llull. El primero es un reconocimiento a la trayectoria de un autor de novela negra, sea cual sea la lengua en la que escribe. El segundo es el premio literario con mayor dotación económica al que puede aspirar un escritor que se empecine en usar la lengua catalana. (No utilizo el verbo empecinar por capricho; debo reconocer que me pirra desde que, tras ganar el Ramon Llull en 2006, tuve que responder a esta pregunta: "pudiendo escribir directamente en castellano, como demuestra en sus artículos de La Vanguardia, ¿por qué se empecina en seguir escribiendo en catalán?"). En los últimos años, el Pepe Carvalho ha premiado a González Ledesma, Mankell, P. D. James, Michael Connelly e Ian Rankin. Este año vuelve a acertar premiando la trayectoria de Andreu Martín, un apasionado del género, divulgador incansable y autor consagrado por los lectores. Martín escribe en catalán y en castellano (no como otros autores que se presentan como bilingües pero no serían capaces ni de completar una instancia en catalán), conoce al dedillo la tradición catalana del género (Tasis, Pedrolo, Fuster, Torrent) y se inscribe en ella con naturalidad. Aún recuerdo la primera novela suya que leí: Deixeu-me en pau (Columna, 1989). Martín situó la trama, un juego fascinante, en los aledaños de la calle Iradier, justo donde la editorial, que yo entonces frecuentaba, tenía su sede. Me causó una gran impresión.
 
El Llull, en honor al autor del  Llibre d'Amic e Amat, premia una novela inédita, de modo que hasta esta noche no sabremos quién se lo lleva. Los últimos ganadores han dejado el listón muy alto: Najat El Hachmi (L'últim patriarca), Carles Casajuana (L'últim home que parlava català) y Vicenç Villatoro (Tenim un nom). Su sucesor deberá prepararse a conjugar el verbo empecinar y a otras lindezas. El 7 de marzo de 2006, un mes después de haber ganado el Llull con Farsa, publiqué un runrún crítico con los entonces neonatos Ciudadanos. Un brioso militante, el hoy diputado Jordi Cañas, envió a La Vanguardia Digital (y a mi correo) una extensa réplica tan ilustrativa de sus fantasmas que la reproduje completa en el libro de artículos Enviar i rebre. La primera frase marcaba el tono: "constatar una vez más el poco nivel analítico, intelectual y moral que hay que tener en Cataluña para pertenecer al establishment pesebril nacionalista". Y luego la bilis de Cañas descendía por las cañerías: "tal como acreditan tus múltiples y prolijas colaboraciones en medios de comunicación públicos y privados afectos, tus gratificaciones en forma de premios literarios nacionalistas, y demás prebendas que tú conoces (el servilismo en este país tiene su recompensa)". Imaginémonos por un momento que esta noche en Palma de Mallorca la gratificación en forma de premio literario nacionalista recayera sobre un autor, o incluso una autora, del entorno de Ciudadanos, que hasta ahora sólo hubiera publicado en castellano. Me gustaría oir las reflexiones de Cañas sobre el establishment pesebril mientras la persona premiada respondía a  preguntas como: "¿por qué, pudiendo escribir en castellano, se empecina en no seguir haciéndolo?" 

Yo, por si acaso, celebro el Pepe Carvalho brindando por Andreu Martín con una paradoja que hubiera divertido a Vázquez Montalbán: ver a su personaje infiltrado en la defensa del Real Madrid que todos recordaremos por sus derrotas ante el mejor Barça de la historia: Pepe y Carvalho.



Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 3 de febrer de 2011

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