dissabte, 26 de febrer de 2011

La otra transición

Por si no lo habían notado, les comunico que ayer fue 23F. Los medios recogieron los anécdotas usuales del golpe, acompañadas del clásico qué hizo usted ese día y, como gran novedad, se estrenó una película en los cines. En tres décadas, la de artículos, libros, reportajes y películas que nos han llovido sobre el golpe de Estado. Sólo nos falta una peli en 3D. Podrían titularla 23F3D y parecería un modelo de avión. Bueno, seguro que no sólo nos falta eso. Puede que también nos lleguen videojuegos 23F con aplicaciones para móvil y tableta (si es que ya no los hay). En cambio, el lunes 28F celebraremos un aniversario que pasará más desapercibido: el del último día que circuló legalmente la peseta. En concreto, celebraremos el noveno aniversario de su desaparición, porque el último día en el que circularon pesetas legalmente fue el 28 de febrero de 2002. Aunque la muerte de la pela fue más lenta que la de Franco. Como tal, la peseta dejó de cotizar el 31 de diciembre de 1998 y fue  sustituida por el euro el día 1 de enero de 1999. Pero fue una introducción virtual, porque las monedas y billetes de peseta aún siguieron circulando tres años en solitario. La materialización del euro en nuestras vidas se produjo el 1 de enero de 2002, a un cambio de 166,386 pesetas por euro. Esa nochevieja los cajeros automáticos fueron más buscados que las uvas. Fue oir las campanadas y lanzarse en tromba a buscar un cajero, a ver qué rectángulos de colorines escupía. En general, billetes azules y rojizos, de veinte y diez euros. La inflación todavía no empujaba hacia los de cincuenta. O sea, que los euros llegaron, pero la pela demostró ser muy dura de pelar. Las pesetas aún circularon dos meses más, obligando a llevar una doble caja que transformaba las transacciones en un festival de errores. Por fi, el día 28 de febrero de 2002 dejaron de hacerlo y ya sólo pudimos pagar con euros. Llegó entonces el maldito redondeo y todos los precios bajos subieron un montón. Aún así, pudimos ingresar pesetas en bancos y cajas hasta el 30 de junio de ese año capicúa de 2002. Desde entonces sólo admiten pesetas en el Banco de España.
O sea, que este lunes hará 9 años del fin del pesetismo. ¿Por qué, entonces, me llegan constantemente cargos en pesetas? “Importe total: 14 €. Importe total: 2.329 ptas (solo a efectos informativos)”. Lo leo en un extracto de servicios sanitarios realizados durante el pasado mes de enero en la mutua Adeslas. ¿Por qué insisten, tantos años después, en recordarnos la equivalencia de los euros, aunque solo sea “a efectos informativos”? ¿Qué extraño instinto conservacionista empuja a ciertas instituciones a conservar las difuntas pesetas en sus comunicaciones? Ya sé que mucha gente mayor (y no tan mayor) aún traduce a pesetas las grandes cantidades (lo que vale un piso, o el gordo de lotería). Estoy dispuesto a aceptar que también traducen a pesetas cantidades más discretas como los sueldos o las pensiones. Pero ¿un cargo de 14 euros? ¿Un café? Y, si contraviniendo toda lógica, aún lo hiciesen, ¿cómo pretenden que dejen de hacerlo si siguen traduciéndoselo todo a pesetas “a efectos informativos”? Como tras esta absurda presencia pesetera intuyo esa máxima tan intocable que siempre le da la razón al cliente, estoy por escribir a todas las empresas que me mandan cargos traducidos a pesetas que quiero... ¿qué digo quiero?, ¡e-xi-jo! la equivalencia de cada cantidad en escudos, reales y maravedíes. No pienso parar hasta que les pase la perra, que no es una perra chica (cinco céntimos), y empiecen a actuar como si viviesen ahora y aquí.


DESTACAT:

¿Por qué insisten, tantos años después, en recordarnos la equivalencia de los euros en pesetas?


 La Vanguardia, dijous 24 febrer de 2011

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