Niech żyje wolna Polska

La lista de políticos presentes en la fiesta de aniversario del programa de sátira política Polònia tiene su interés. El aniversario era el quinto, y tal vez por eso se celebró en una fábrica de cerveza, pero el verdadero tema de la noche era cuántos más podrá cumplir. Según Mònica Terribas, mientras ella sea directora habrá Polònia. Es importante saberlo, pero eso sólo reformula la incógnita, por más ratificada que esté hoy Terribas al frente de TV3. El desembarco de la clase política en la fiesta no hace temer por su continuidad a corto plazo. El nuevo gobierno estuvo representado por su portavoz, Francesc Homs, y por dos de sus consellers polonizados: Irene Rigau y Ferran Mascarell. También hubo muchos representantes de la oposición, pero lo más alentador para la salud del programa fue la presencia casi en bloque de los candidatos a la alcaldía de Barcelona. Estaban Xavier Trias y Jordi Hereu, junto a Montserrat Tura, cuya presencia en las sátiras polacas parece más asegurada que en la campaña del PSC de Joan Ferran o Quim Nadal, también presentes. Estaban los candidatos Alberto Fernández Díaz y Jordi Portabella (secundado por Benach, Llorente y Ridao). Estaba Albert Rivera de Ciutadans. Sólo faltaba el candidato ecosocialista Ricard Gomà (Iniciativa alineó a dos medias puntas como Dolors Camats y Laia Ortiz). Tampoco se dejó ver Joan Laporta, aunque tal vez su ausencia significase algo en las tormentosas negociaciones con la candidatura de Portabella. Alguno de los perversos guionistas presentes justificó la ausencia laportista por el horario intempestivo de la fiesta (empezaba a las 21 horas, lo que para él sería demasiado temprano). Lo cierto es que el viernes SI fue la única fuerza parlamentaria que no envió ninguna legación a Polonia. Bueno, tampoco se vio a ningún cargo de Unió pero para eso CiU ya termina en U.

Recuerdo, hace un lustro, una conversación con Toni Soler, Queco Novell y Manel Lucas en los pasillos de RAC-1 sobre el proyecto audiovisual que estaban a punto de estrenar. Me habían invitado a su ya legendario Minoria absoluta en un día que no olvidaré, porque a media entrevista Queco puso cara de espejo y me lanzó anagraaaamas por vez primera. Cuando acabó el programa comentamos su inminente salto a la tele y Soler me dijo que estaban dudando entre dos títulos para el programa: Polàquia o Polònia. La elección final fue el primer acierto, a pesar de los líos que al principio les provocó con la embajada del país eslavo. Polàquia hubiera sido un título graciosillo, lastrado por un exceso de retintín marxista (sector Groucho), como aquellas fiestas en las que el cartel ya promete diversión a raudales. Utilizar el nombre de un país real partiendo de un gentilicio falso se ajustó mucho más a los constantes viajes de ida y vuelta entre la realidad y la ficción que han hecho de estos cinco años de Polònia un documento histórico más.

No hace falta bromear sobre las consecuencias que tendría para nuestra sociedad una nueva invasión de Polonia, pero no está de más recordar que hay muchas maneras de cargarse un país (y un programa). Por ejemplo, una que le oí a uno de los cuatro actores polacos con experiencia presidencial: se cambia de día el programa, retrasando un poco la emisión y, ante el probable descenso de audiencia, se decide no renovarlo en julio, justo antes de las vacaciones, para que en agosto salgan cuatro artículos de protesta y a otra cosa mariposa. Eso sería un error de bulto. Polonia no es Polàquia. Larga vida al Polònia y a otros países polisatíricos que nos quedan por conocer.

La Vanguardia. Dilluns, 28 de febrer de 2011

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