dimarts, 22 de març de 2011

Ética y dietética

Seguro que este domingo se correrán muchas maratones en todo el mundo. Todos los fines de semana sucede que los émulos de Forrest Gump se agencian un dorsal y echan a correr. Pero pocas veces una empresa no patrocinadora estará tan pendiente de una maratón como este domingo en Los Ángeles. La empresa en cuestión es McDonald’s. El motivo de su interés, un experimentado corredor de Chicago llamado Joe D’Amico que hasta ahora ya ha completado diversas maratones con tiempos más que aceptables. Pero, según leo en el Chicago Sun-Times, D’Amico ha decidido seguir una preparación nutritiva muy singular para afrontar la maratón de este domingo. Durante los treinta días anteriores a la carrera se está nutriendo exclusivamente con productos McDonalds, de los que se declara gran amante. Es decir, que el amigo D’Amico vive estas semanas de Angus Deluxe Burgers (no le gustan los Big Macs ni pide raciones extra de patatas), McNuggets, McDoubles, Quarter Pounders y otras delicias del menú habitual de McDonalds, tal vez con la vana esperanza de asociar la comida rápida a la rapidez de sus piernas. El caso ha despertado el interés de los medios de comunicación, para los que Joe D’Amico es, ya, McRunner, algo así como McCorredor. Como es natural un blog oficial del maratoniano (mcrunner.com) explica sus diversas motivaciones. Más allá de sus consideraciones gastronómicas, destaca la recaudación de fondos para la Fundación Ronald McDonald, que ofrece casas para las familias de niños hospitalizados, algo que nunca se me ocurriría criticar. McRunner asegura que actúa por propia iniciativa y recalca que en ningún caso puede hablarse de una acción promocional encubierta. Hasta que el pánico nuclear por la tragedia japonesa no lo ha invadido todo, el caso de McRunner generaba unos debates sobre dietética más espectaculares que los suscitados por el documental “Super Size Me” en 2004, para el que el cineasta Morgan Spurlock llegó a engordar más de diez kilos (en productos McDonalds). En este caso, no se trata de denunciar nada, sino todo lo contrario. McRunner es un claro defensor de McDonalds, prosigue sus entrenamientos con seriedad de maratoniano y no se excede en las raciones que se zampa. Simplemente limita su dieta a los alimentos de cocina rápida para tratar de desmentir que hamburguesería rime con porquería.
La publicidad todo lo contamina, pero los cantos de pureza de Joe D’Amico tienen una gran credibilidad. En realidad, su estrambótico plan dietético es una arma de doble filo. Si McRunner iguala sus marcas el valor nutricional de la dieta McDonalds será minimizado ante la mesura con la que aparentemente actúa el atleta. Pero si su rendimiento desciende en picado McDonalds recibirá un varapalo como causante del percance. Y si, por uno de aquellos azares de la termodinámica, este domingo McRunner sale como una moto y bate sus registros de un modo espectacular, siempre habrá alguien que filtre una sospecha de dopaje. Por ejemplo desde alguna emisora de radio, aunque luego se vea forzado a desmentirlo como hizo el periodista Juan Antonio Alcalá con sus no-veladas acusaciones contra los jugadores del Barça. O sea, que en la empresa de la hamburguesa seguirán la maratón de Los Angeles con el McCorazón en un puño, a la espera del comportamiento de ese gentil cliente que les acaba de meter en un berenjenal de cuidado. Con clientes así, ¿quién quiere enemigos que te vayan acusando de dopaje por ahí? Ya tarda algún deportista catalán a participar en una competición de primera tras treinta días desayunando, comiendo y cenando en un Pans & Company.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 17 de març de 2011

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir