Obiols, el Joven

Raimon Obiols, cuyo apellido comparte cuatro letras con el de los Holbein, ha mutado en pocos días de Holbein el Viejo a Holbein el Joven. Obiols debe este rejuvenecimiento repentino a otro jovenzuelo llamado Steve Jobs. Porque resulta que el ex líder del PSC (y antagonista, siempre derrotado, de Pujol) acaba de saltar a la pequeña historia de la tecnología como el primer político español con aplicación propia en la tienda Apple. Es decir, que si usted va por la vida en compañía de un iPhone ya puede buscar en el almacén Apple (a través del móvil o bien desde su ordenador a través de iTunes) el nombre de Raimon Obiols y descargarse gratuitamente la aplicación del veterano político catalán. En pocos segundos tendrá en su pantalla un icono con el logo bicolor “ndB” y el nombre del eurodiputado. Una aplicación que le dará acceso, básicamente, al blog sobre la actualidad política “Notes de Brussel·les” que Obiols alimenta desde 2007 con entradas tan apasionantes como “Mediterrani: vers la democràcia”, “Per un nou cicle del socialisme i de les esquerres de Catalunya” o “Pensar el futur”. Es decir, que la novedad no procede de los contenidos sino del acceso distinto a los ya existentes. Como en todas las aplicaciones para iPhone, hay diversas opciones a pie de pantalla. En este caso las versiones del blog en catalán o castellano y la cuenta de Twitter @robiols. Además, al bajarse la aplicación, tendrá que asentir a la petición de geolocalizarse para poder recibir información sobre cosas que sucedan cerca del lugar donde esté en cada momento. Una petición inquietante que pronto dejará de parecérnoslo, aunque no de serlo. Los dispositivos con los que transitamos permiten que nos tengan permanentemente localizados en el mapa y algunas líneas de actuación tecnológicas apuestan por un sutil bombardeo de propuestas cercanas, “donde estés y a la hora que estés”. No sé para qué querrá Obiols (o su equipo) saber por dónde pululan sus seguidores, más allá de convocarlos a un acto electoral, pero no deja de ser lógico que los emisores de mensajes deseen atesorar el máximo de información sobre sus receptores.

El valor de haber sido el primero en hacer algo es directamente proporcional a la cantidad de gente que lo hace después. Por eso, la noticia de esta semana sobre la acción pionera de Obiols puede acabar en mera anécdota, pero también puede devenir un hito. Puede que, en poco tiempo, un buen número de políticos de todos los niveles decidan encargar su propia aplicación. Puede incluso ser que estas aplicaciones triunfen como formato básico de relación con los contenidos. De hecho, los applets de iPhone o las aplicaciones para Android ya suscitan millones de descargas (redes sociales, juegos de todo tipo, diarios, radios, teles, tiras cómicas, trucos de magia, reconocedores de canciones o de imágenes, y un sinfín de opciones más). Muchas son gratuitas y las que no lo son funcionan por micropago. Imaginémonos por un momento que la iniciativa de Obiols es seguida por políticos de los distintos partidos y que el creciente contacto a través del móvil con sus representantes aumenta la fidelidad de los seguidores hacia la figura del político, más allá de las siglas. Tal vez, al mirar atrás, alguien valore el inicio de esta nueva vía de contacto electoral como el primer paso dado hacia un nuevo funcionamiento electoral, para bien (listas abiertas) y para mal (personalismo acusado). Estén atentos a sus pequeñas pantallas. Si uno de los primeros en imitar a Obiols se llama Joan Laporta es que la cosa va por ahí.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 14 de març de 2011

Comentaris

Entrades populars d'aquest blog

Exèquies laiques: el capdevilisme

¿Qué es una nación?

Barthes, el símptoma