Futbolinistas y Campanella

Aviso que voy a hacer algo que detesto: les hablaré de una película que la inmensa mayoría de lectores  no podrá ver (por vía legal) hasta el 20 de diciembre. De hecho, su estreno europeo será en el festival de San Sebastián dentro de tres semanas, pero la peli en cuestión no llegará al circuito convencional de cines hasta Navidad. Se trata de Metegol, el último filme (de animación) del argentino Juan José Campanella. Tras ganar el Oscar a la mejor película extranjera con El secreto de sus ojos en 2010, Campanella opta por adaptar un cuento de Roberto Fontanarrosa que toma la pasión futbolística como motor para explorar a fondo los antónimos ganar y perder. Los oponentes son dos chicos de pueblo llamados Amadeo y Grosso. Amadeo vive y se desvive para jugar al metegol (el futbolín) del bar donde trabaja. Es un verdadero virtuoso, pero no sirve para gran cosa más y tal vez por ello su querida Laura no le hace demasiado caso. Cortázar hubiera dicho de él que tiene alma de cronopio. Grosso, en cambio, tiene alma de vip. Se va del pueblo para triunfar en la vida y años después retorna, convertido en una estrella rutilante del fútbol mundial con pinta de Cristiano Ronaldo, dispuesto a comprar todo el pueblo y a vengarse de la única derrota que ha sufrido en la vida, al metegol, contra el virtuoso Amadeo. Cuando todo parece perdido, los muñecos del destrozado futbolín toman vida para ayudar a Amadeo a salvar a su Laura y, de paso, al pueblo, en un giro sociofantástico muy eficaz. Campanella redondea la obra con un final que es una final: en un estadio maraca-nánico los dos bandos disputan un desequilibrado partido de fútbol que lleva la épica al terreno de la ética. 
 
A pesar de la coproducción española, de Antena 3 Films, la película es de un argentinismo tan castizo que cuesta entender algunas expresiones coloquiales que profieren los hilarantes futbolinistas, trasuntos de futbolistas argentinos arquetípicos. Si el PP fuese coherente con su política lingüística diría que Metegol no está rodada en español sino en LAPAP (Lengua Americana Propia del Área Porteña). De hecho, aquí le cambiarán el título por Futbolín. En Argentina triunfa desde finales de julio, en 3D y a pelo, a pesar de que Disney Channel la boicoteó para no perjudicar el Monsters University de Pixar, según denunció Campanella por Twitter. Hace diez días tuve el privilegio de ver Metegol en el único cine de una población parecida a la que sale en la película: Trelew, en la patagónica provincia argentina de Chubut. Vi la peli rodeado de niños hipnotizados, adolescentes comechoclos y futboleros patagónicos que reaccionaban a cada gag y a cada giro que propone Campanella, en un crescendo gozoso que desembocó en una gran ovación final. No me sumé a ella porque he perdido la costumbre de aplaudir en los cines (y porque tenía las manos ocupadas) pero aplaudo ahora. Gran Campanella.

Màrius Serra
La Vanguardia. Cultura. 31/8/13

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